miércoles, 3 de julio de 2013

EL APORTE ROMANO

                                                        ANTONIO NAPOLITANO (*)



 

 
 
La cultura romana acogió el legado de la cultura griega, y continuó   interpelando el significado del término “política”, y su concreto ejercicio. Comprendió que el ejercicio de la política debería situarse en un marco jurídico, y  dentro de un estado de derecho. Este acierto le permitió al mundo romano reinterpretar la polis como “res publica”  y, con ello, reinterpretar   tanto las funciones de los ciudadanos (civis), como el significado   y el ejercicio de la autoridad. Este esfuerzo  hermenéutico permite comprender que la estructura de la realidad política  debe  derivar  de las “normas” o “leyes” (ius); debe ser ejercido con “prudencia”, “equidad”, y “justicia”  (virtus); y debe tener  “legitimidad”.  De esta interrelación entre lo jurídico, la ética y lo público,  surge el perfil de una pedagogía política  y una dialéctica  empeñativa del ejercicio del poder como actividad política del ciudadano. Esta interpretación, que está en perfecta concordancia con el significado  griego de la política,   engloba en su quehacer todas las formas de humanidad que tienen que ver con la vida del individuo: humanidad como virtud, como actitud, como disponibilidad. Esta visión social y humana del hombre  coincide  con la vida ética entendida como virtud política.  En este ideal de humanidad la acción política implica tanto   el ejercicio político de la ciudadanía como  el ejercicio de la autoridad. Este no se entiende como una verticalidad absoluta, sino como una horizontalidad que se manifiesta como un ejercicio de ciudadanía profunda de “disponibilidad”, de “servicio”, de “responsabilidad”  y de “autenticidad”: una ecuación entre el ser y el hacer. Lo contrario, es decir, la verticalidad absoluta de la autoridad, desarrolla una perversión de todas las ideas valorativas, corrompe el pensamiento y el modo de ser de los ciudadanos.

     Se entiende, ahora, por qué la cultura romana sustituye el término poder (potentia)   por el término autoridad (auctoritas), al referirse a los servidores públicos. En efecto,    no se tradujo al latín lo equivalente al verbo  dínamai” para referirse a la “autoridad política”, sino del verbo  augere”, que traduce: “hacer crecer”, “honrar”.  Con ello se quería  señalar puntualmente que el carácter funcional de la autoridad  es promover el crecimiento y el desarrollo de aquellos sobre los cuales se ejerce la autoridad. Pues,  la esencialidad del quehacer político,  es un ejercicio al servicio del  hombre en su singular realidad  que le caracteriza.  Este significado excluye radicalmente el ejercicio de la autoridad como fin en sí mismo, y lo propone como    una actividad  relacionada con el desarrollo y la dignidad de cada  hombre como persona dentro de un grupo humano, y en  el cumplimiento de las leyes.
Un punto importante en esta propuesta ciceroniana es que el “derecho civil” (ius civile) debe derivarse de la “ley natural” (lex naturae): esa norma racional natural, propia de la comunidad divino-humana y que debe regir el orden social.  En este sentido, es la “ley” (lex) quien determina el “derecho” (ius), por cuanto ella es “eterna“ (perpetua), “natural” (naturalsi)”,  “grande” (summa),  “verdadera” (vera), “celestial” (caelestis).  Lo cierto es que Cicerón encontró una cierta dificultad para traducir el término griego “νόμος” (ley, estatuto). Pues el nomos platónico es una ley del espíritu. Por esto es que dentro de la democracia platónica es factible una “nomocracia”, que se resuelve en el imperio de la razón, es decir, de los filósofos. Justamente, Cicerón al traducir la palabra “nómos  no encuentra otra más adecuada que el término “ley” (lex). Pues, encuentra la etimología de “lex” en el verbo “lěgere”. Pues, este verbo tiene diferentes acepciones entre las cuales   traduce “elegir”. Con ello, Cicerón   busca una concomitancia con el significado más propio del término griega “nómos”,  que  significaba justamente la “ley”. E igual que “lex   nómos   viene del verbo “némo   que traduce igualmente elegir, escoger, casi indicando que la componenda normativa de la ley entra en una dinámica puntual de significado que no se presenta ya como un legalismo, sino como una norma que trasciende su propia inmediatez, y se vuelve un valor que llama a ser testimoniado. De esta manera la concepción moral implica una antropología que puntualiza una visión unitaria y dinámica de la vida moral, en la que el armónico ejercicio del acto refleja una vivencia según la norma, asumida no en nombre de su racionalidad, sino por ser un valor, ya que  vivir según su racionalidad sería vivir según un formalismo legalista, que induce a una mera
juridicidad, a una esclerosis abstracta de la ley. 
 
        



(*) Filósofo. Profesor universitario.
 

lunes, 24 de junio de 2013

10 GUÍAS SOBRE LÓGICA POLÍTICA

Abstenerse de votar en nombre de la lógica natural es abandonar espacios y con ellos a los venezolanos, a quienes no puede serles indiferente que la Alcaldía Mayor sea dirigida por ese excelente líder que es Antonio Ledezma y no por cualquier fundamentalista dominado por el odio, o que en el Municipio Sucre el alcalde sea el gran Ocariz y no el lamentable Ojeda, para poner solo esos ejemplos.
                                                     AMÉRICO MARTÍN (*)
MUD
1Emil Littré definió la política como ciencia. Paul Robert, como arte. Si me tocara zanjar la discusión optaría por la cómoda respuesta ecléctica: es las dos cosas, pero serán la improvisación, la intuición, el pálpito, los determinantes en cada momento del peso de una o de la otra. Como ciencia, la política se fundamenta en datos, números, hechos comprobables. Como arte, en "olfato", sutileza y sentido de la oportunidad. Hay pues una lógica tradicional, científica y una lógica intuitiva, "artística". A veces no es posible que coincidan y entonces una sana y bien adiestrada dirección política deberá escoger
2 Como no estoy escribiendo un tratado de Lógica, no citaré a Aristóteles, Averroes, Kant o Hegel. Hablaré de la lógica natural, la destreza común de razonar sin esgrimir datos científicos. En nombre de ella, se reprocha a Capriles la supuesta enormidad de llamar a participar en las elecciones de 8D, pese a haber denunciado un fraude en las de 14A. Ese llamado ­enfatizan- no resiste el silogismo lógico porque se es o no se es. Si usted dice que en abril hubo un fraude no puede convalidarlo en diciembre. Es ilógico, por decir lo menos. Y sin embargo, en lo que sigue demostraré que desde el punto de vista del arte político es perfectamente lógico.
3 El objetivo de la política es el poder. ¿Alcanzarlo para qué? Ahí se bifurcan los caminos: para instalar una dictadura mesiánica, enriquecerse y colmar el apetito del mando, o para desarrollar un país en libertad, con alto nivel de vida y sometiéndose ­humildemente-a la alternación del poder y las exigencias de la democracia. Ambas fórmulas pueden haberse ajustado a la lógica para lograr sus fines, aunque una sea inmoral y la otra moral.
4 En busca de ese objetivo, la lucha política se libra todo el tiempo en muchos espacios. Los desniveles culturales -según los lugares- son profundos, las motivaciones también. Hay que adaptar el lenguaje. Las razones válidas para unos pueden no convencer a otros. La Autonomía Universitaria le dice más a ciudadanos, docentes, estudiantes y trabajadores de la educación, que a comunidades indígenas o pobladores diezmados por el hambre y el desempleo. Pero todo es importante. La autonomía, calmar el hambre, combatir la discriminación étnica por razones de sexo y de minoría marginada. En todos hay que ganar voluntades, reunir mayorías.
5 La pelea por pulgadas en tantos tableros simultáneos impone flexibilidades, siempre que sean compatibles con la moral política si es que nos referimos a demócratas sinceros. La lógica natural podría conducir a calles ciegas, a embarcar todo el cacao en una sola batalla final, a disputar en el terreno del otro, y abandonar retos y oportunidades alegando incompatibilidades formales. Sus propiciadores a veces reducen el asunto a un desahogo emocional.
6 El fraude nunca es absoluto: no ocultó el descomunal crecimiento de la oposición y el enorme desconcierto de los cuestionados ganadores. El "perdedor" emergió unido, consciente por primera vez de su condición de mayoría, con un líder y provisto de tarjeta única. El "ganador" quedó dominado por el amargo sabor de la derrota. Típico caso del perdedor-ganador y del ganador-perdedor.
7 Los manejos maliciosos tampoco pudieron evitar la derrota oficialista en un referendo, ni la elección de Capriles, Ledezma, Henri Falcón y otros odiados "apátridas". Porque para saber cuánto puede lograrse, cuánto obtenerse, es menester meterse en la candela con argumentos sólidos y tenacidad animada por el hambre de la victoria.
8 Abstenerse de votar en nombre de la lógica natural es abandonar espacios y con ellos a los venezolanos, a quienes no puede serles indiferente que la Alcaldía Mayor sea dirigida por ese excelente líder que es Antonio Ledezma y no por cualquier fundamentalista dominado por el odio, o que en el Municipio Sucre el alcalde sea el gran Ocariz y no el lamentable Ojeda, para poner solo esos ejemplos.
9 Además de una lógica política hay una moral de esa índole. ¿Niegan la lógica natural y los principios morales?  Para nada. Tienen ámbitos propios, pero no se excluyen. Por ejemplo: la corrupción es aborrecible. En nombre de la Moral es justo castigar a todo corrupto al mismo tiempo y sin distingos, pero en nombre de la política el asunto es ligeramente distinto. Caben los gradientes. Centrando el ataque en la cumbre del poder corrupto, podrá dejarse de lado o llevados a lavarse las manos a quienes estén en las orillas. Y por eso la victoria política supone reducir el campo contrario, silenciar baterías, desarbolar de respaldos y seguidores al adversario, cosa que no ocurriría si se usan las armas de la crítica contra todos al mismo tiempo. El resultado sería bien inmoral desde cualquier punto de vista: la perpetuación del poder.
10 Hay muchas definiciones de lo que sea la política. Aportaré una mía, puramente instrumental: si quieres impulsar desde el poder un cambio debes ganar a todo el que puedas ganar, neutralizar a quien no puedas ganar, y enfrentar a quien ni siquiera puedas neutralizar. La MUD debería atenerse a esa regla. Se ha consagrado al cambio progresista y no puede regalarle espacios ­en este caso los municipales- a quienes pretende sustituir. En nombre de cierta moral la política como arte-ciencia suele ser injustamente cuestionada. Pero tomemos el caso y preguntemos: ¿Será preferible hundirse en la fetidez agitando vigorosamente el banderín de los "principios"?
(*) Escritor. Abogado. Ex-candidato presidencial. Artículo publicado originalmente en Tal Cual el 23-06-2013

viernes, 14 de junio de 2013

ANTIPOLITICA Y RECONCILIACIÓN

                                                                                   Nelson Hamana Hobaica



En Venezuela hay un acuerdo enunciativo en torno a la necesidad de una reconciliación no solo política sino social, pero hay un obstáculo que se está haciendo insuperable como es la imposibilidad de acceder a la verdad en lo relativo a la responsabilidad del inicio y el desarrollo del deterioro político que nos está carcomiendo el alma.

            La pregunta que se ha venido evadiendo desde hace tiempo, es la verdadera responsabilidad de los partidos políticos que se fueron erosionando por una cultura que aún ahora no es extraña, como es la cultura del bienestar, ya que su desarrollo en un país sin balances, requiere el sacrificio de derechos en sectores amplios de la población y con ello, el de la verdad y la justicia.

            En nuestro medio, la reincidencia sobre los mismos problemas, nos ha hacho pensar que el fracaso que deteriora nuestra economía es el producto inmediato de la presencia de los partidos políticos que se convirtieron en una máscara grotesca de la corrupción, por lo que entramos en una prolongada fase de anti política, por cierto plagada de contradicciones, práctica que en cierta medida ocultó la entusiasta participación de grandes sectores de nuestra población en ese deterioro.

            Lo primero que debemos preguntarnos es a quien favorece la anti política, y en manos de quien se queda el ejercicio del poder cuando deja de ser responsabilidad de los que están organizados para ejercerlo y tienen al menos en su estructura, la posibilidad de ser balance de las desproporciones sociales, inevitables en un sistema fundado sobre la competencia.

            Quienes éramos adultos antes de 1980 sabemos que el país avanzó de una manera vertiginosa no solo en lo material, sino en los mecanismos de organización social, a partir de 1958 los venezolanos se iban acostumbrando al significado de la ciudadanía. Desde las humildes juntas de condominio hasta los grandes sindicatos y partidos políticos, y los sistemas electorales, de una u otra forma eran instrumentos de participación ciudadana. Había indiferentes, pero eran tenidos por frívolos e inadecuados miembros de la sociedad. En estos organismos se podía tener pretensiones hegemónicas, pero la conciencia de participación pugnaba por neutralizarlas. Se entendía la organización social como una forma de practicar la libertad.

            En 1958 se gestó lo que fue un acto de reconciliación política que fue posible porque había una base ciudadana conciliada en torno a la libertad. A la luz del llamado “Espíritu del 23 de Enero” se hizo posible el llamado Pacto de Punto Fijo, un pacto de gobernabilidad para un país cuyas instituciones estaban arrasadas.

            Muy en contra de lo que se sostiene, no fue un vulgar acuerdo de tres partidos políticos, sino que incluyó a las Fuerzas Armadas, al acuerdo de la sociedad entera hacia la democracia, a los dueños del poder económico quienes aceptaron la conveniencia de progresar sin ventajismos y sin injusticia laboral, si querían ser empresas modernas, competitivas y a los intelectuales que ponían su creatividad al servicio de la causa prioritaria.

            Es lamentable que las euforias revolucionarias de quienes admiraban el sistema de gobierno comunista y el entusiasmo producido por la revolución cubana, que aún podían aceptarse como promesas de justicia y reivindicación para los desposeídos a través de la lucha de clases, dieran al traste con la reconciliación nacional de base popular y se entrara en una década de guerra donde los venezolanos se mataban sin piedad y provocaban un desprestigio creciente a la protección que el Estado daba a las empresas nacionales, actuando como escudo ante la fuerza competitiva de las transnacionales.

            El miedo de los privilegiados y la angustia de los gobernantes convirtió en irrelevante la necesidad de la vida reconciliada que había sido entendida como un camino viable hacia el futuro y nos fue convirtiendo de a poco la libertad en una defensa de los privilegios. Se asimilaron y se confabularon el poder político y el económico.

            Cuando los que tienen poder económico temen, expresan la intención de mantener sus posiciones, refugiándose en la acumulación de dinero y en su expatriación, reduciendo la economía del país a los sistemas financieros que son los que les hacen posible manejar ese rescate. No podemos olvidar que los privilegiados que fueron promovidos durante el primer gobierno  de Carlos Andrés Pérez, cuando se pretendió constituir un nuevo grupo de élite económica, fueron los de los sistemas financieros y los grandes nombres del poder  giraron en torno a los  Bancos, nuevos y viejos.

            Por otra parte la acción eficiente en la promoción del desarrollo se vio menguada por la necesidad de acabar con la guerra interna que afectaba fundamentalmente a los pobres y a los campesinos, porque fue en los barrios de los débiles económicos y en los campos venezolanos donde se dieron los combates que tuvieron la consecuencia de envilecer a nuestras fuerzas armadas y reforzar los argumentos de los concentradores de poder.

            La apariencia  generada por intentos de desarrollo tecnocráticos impracticables, hizo que se dispararan y distorsionaran las expectativas de bienestar, particularmente en los sectores medios de la población, lo que unido a las guerras internas comenzó a generar la separación entre sectores de la sociedad que desde entonces se ven con desconfianza. El país dejó de crecer porque los motores del trabajo creativo quedaron averiados.

            Las ilusiones de bienestar de una sociedad deforme llevaron a los sectores medios de la sociedad hacia aspiraciones insaciables que aún persisten, lo que los incapacitó para responder a la crisis inminente que estaba provocando la hipertrofia de “La Gran Venezuela” que introdujo formas de consumo imposibles de satisfacer en medio de una tradición social aún modesta, lo que solo aparentó lograrse con el desplazamiento de los sectores socialmente débiles del acceso a los bienes que producía el país y el aprovechamiento desmedido por parte de los sectores medios, que se asociaron impúdicamente a las manipulaciones de la cultura consumista. Llegamos a conocer profesionales que aun no tenían una vivienda en el país y eran propietarios de residencias vacacionales fuera de Venezuela.

            No fue difícil para los concentradores de poder y privilegios asociar los males nacionales con la actuación de los partidos políticos penetrados por el economicismo y el desarrollismo y entre todos fueron convirtiendo la reconciliación nacional del pacto político en un manejo de contubernios para la corrupción económica que fueron convirtiendo el bienestar creciente fundado en la justicia social, en una dramática separación de grandes detentadores de bienes y de un volumen inaceptable de pobres extremos. Entonces también empezaron a decrecer esos sectores medios que se habían estado apoyando en la instrucción y en el trabajo capaz y socialmente eficiente. Las crisis monetarias los golpearon duramente en sus compromisos y costumbres foráneas. Al fin y al cabo las decisiones y las medidas de la crisis eran decididas y ejecutadas por el partido gobernante y las devaluaciones se asociaron a la asunción de deudas internacionales, cuya satisfacción fue postergada por las ilusiones petroleras sin considerar que la misma no tenía solo una implicación económica y financiera, sino que tenía además una consecuencia inevitable de envilecimiento moral y de debilidad política, ya que se asumían con instituciones financieras voraces e implacables.

            La desconfianza mutua fue derivada íntegramente hacia los partidos políticos y las  fuerzas armadas envilecidas por la ineficiencia del poder, volvieron a la carga secular contra el civilismo que ya estaba arraigado en numerosos sectores de la población, la que guardó silencio o hasta dio su asentimiento porque se sentía oprimida por metas inalcanzables por la limitación económica que sentían producida por la corrupción y el ejercicio tortuoso del poder, ambos permanentemente remachados por los medios de opinión, como siempre terriblemente oportunistas, desviando la mirada de los ciudadanos de la necesidad de recuperar una sociedad reconciliada y sensata que supiera lo que debía exigir de sus dirigentes,

            Cuando las crisis se hicieron temibles se intentó recuperar un pacto político sin considerar la ausencia de reconciliación ciudadana y negándose a contestar una pregunta básica que se consideró traidora: ¿Donde estaba ese pueblo del 23 de enero que rodeaba a Miraflores ante los intentos de golpes militares que se dieron en los comienzos de la democracia, para evitar el paso de los tanques de guerra?

            También se ignoró el resentimiento contenido en la insurrección del llamado Caracazo y se trató de conjugar con un populismo ineficiente que en nada superaba el dolor de los pobres ni limitaba los privilegios que atormentaban la justicia.

            Ambas repuestas de los partidos dominantes, impidieron la abierta discusión de lo ocurrido y el tratar de dilucidar las causas reales de hechos inconcebibles en la Venezuela democrática que en ese momento era quien moría.

            El camino hacia el desprestigio de la libertad y el reinicio del camino militarista y autoritario comenzó en el momento en el que las fuerzas políticas ignoraron su tarea y las económicas intentaron salvaguardar sus privilegios controlando sectores del gobierno con el pretexto de la tecnocracia.

            Todo ejercicio político se consideró desviado y la libertad dejó ser un bien estimable ante el progreso de la necesidad, el país se fue enfrentando y los logros  tecnológicos no tuvieron ninguna eficiencia integradora, por el contrario, si miramos el desarrollo de la historia presente, lo que logran es dar más rigidez a la estratificación social que se va instalando cada vez con separaciones más extremas.

            Todo país de extremos rígidos y separados, donde los sectores sociales medios se hacen totalmente ineficientes como instrumento de balance y compensación por la preparación y el trabajo, desestima la libertad ante el progreso implacable de las carencias. La repuesta tecnocrática solo dio esperanzas a los que no la necesitaban porque ya tenían acceso a los bienes de la tierra y los débiles de la sociedad se dejaron cautivar por las palabras de amor de un profetismo con pretensiones redentoras que al final lo pide todo y da muy poco, pero en lo poco que da deja entrever esperanzas que es lo único que el ser humano siente que no se le puede arrebatar, pero las esperanzas terrenas se refieren a la vida concreta y cotidiana y no a la vida eterna y por eso se agotan.

Realmente en lo ocurrido, no hubo una insensatez de los débiles, sino la ilusión legítima de una justicia que se les negaba con la manipulación de un poder político responsable de la ineficiencia, ilusión que había sido cultivada por el populismo durante más de veinte años, lo que arrebató de las manos de los ciudadanos su conciencia de participación, solidaridad y conciliación. Cuando los beneficios de la salud, la educación, la seguridad, el trabajo, la vivienda y la alimentación se desplomaron, lo hicieron de repente y la polvareda del derrumbe aturdía la mirada e impedía ver hacia el pasado, lo único que quedaba era la urgencia del momento y no había espacio para pensar el futuro. La esperanza del ascenso hacia el bienestar que se fundaba en el esfuerzo y la educación, se vino abajo. No se trata de una especulación, sino de un dato verificable.  El orgullo de nuestra educación que se hizo masiva y accesible en todos los niveles, con una altísima participación de los pobres en los sistemas educativos, se hizo pedazos, y las mediciones que hacía la Oficina de Planeamiento del Sector Universitario mostraban que los hijos de los trabajadores, ya no los pobres marginados, constituían menos del 2% de la matrícula en las Universidades Nacionales, y que el acceso a las carreras de prestigio social era virtualmente hereditario, es claro entonces que la educación se convirtió en un instrumento de exclusión.

Todo lo que antecede es el relato de un proceso que no podía ser instantáneo, es imposible referirlo a decisiones puntuales, aunque no fuera visible, lo que siguió no fue tampoco el descubrimiento providencial de la situación, ni se trató de un fenómeno aislado en Venezuela.

La desaparición de los obstáculos que impedían la integración al mercado universal de los capitalismos de estado, que pasaron a ser liberales, soportados sobre el dinero concentrado por las élites políticas, que devinieron en mafias, a expensas del bienestar de la población, en conjunto con los mercados del liberalismo tradicional, donde la influencia de los sistemas financieros se hizo cada vez más importante, mundializada y determinante de la política, a partir del decálogo llamado Consenso de Washington, el poder se fue haciendo externo a los gobernantes, e incontrolable por su anonimia y su transnacionalidad. A pesar de que los beneficios económicos permearon hacia los países de donde obtenían fuerza de trabajo y materia prima, su diseminación no fue universal y   donde se lograban crecimientos y balances macroeconómicos, no se lograba conjugar la pobreza.

En Venezuela era evidente y mientras más se corría detrás de las fórmulas del balance financiero del país, tanto más aumentaban las complicidades entre la política y el capital, y el tormento de las carencias dejaba espacio para los hombres providenciales, a cuya sombra se hacen más expeditas las corrupciones.

La repuesta providencial entró abiertamente en el país con la misma complacencia que tuvo en amplios sectores de la población la asonada militar mal discutida, se repitió la historia de los amplios apoyos de los sectores influyentes a la conjura contra el civilismo de 1948.

Entonces y ahora nos parece imposible recuperar la reconciliación, que es y será diferente al diálogo, el Espíritu del 23 de Enero no floreció a la vera de Marcos Pérez Jiménez, y así como ahora se festejaba al Balcón del Pueblo, entonces se cortejaba al Salón Venezuela del Círculo Militar y a mediados de diciembre de 1957 nadie se atrevía a discutir la solidez del régimen, pero repentinamente, el escamoteo de una nueva elección comenzó a desmoronar el poder y se empezó a gestar una reconciliación nacional que entendió el valor de la democracia, de las elecciones, de la discusión y de la participación y no se equivocó, porque progresó con ellas durante dos décadas.

Los diálogos, los consensos y los acuerdos solo son útiles cuando se tiene el fundamento de la reconciliación, el problema de nuestra democracia post-reconciliatoria fue el de olvidarse de algo, de un amplio sector de la población que se hizo invisible, irrelevante y cuando asomaba la cara lo tratábamos como culpable. En estos catorce años se nos hizo visible, por desgracia de la manera más grotesca y con su peor cara, con su inmensa delincuencia, con su espeso tributo de muertes, con su exagerada violencia, con sus presos maltratados y con la mascarada de unos servicios mediocres, mal intencionados, destinados a cubrir los grandes espacios de la corrupción en complicidad con los países más permisivos y aunque muy predicadores, los menos interesados en el bienestar de las mayorías. Los pobres sufrientes siguieron en la sombra y aunque se derramaron dádivas económicas no se les reivindicó de la verdadera miseria, como es la de desconocerse a sí como seres humanos, como parte del país y como indispensables para su sobrevivencia armónica.

A estas alturas hemos superado una de las graves dificultades para nuestra reconciliación, el saber que están allí, pero la superamos a los golpes, y aún no hemos podido verles como víctimas sino como culpables.

Además de adquirir esta conciencia, tendremos que iniciar el camino que nos causa mayores problemas, el de ser capaces de renunciar a un poco de nuestro bienestar, el de moderar nuestras aspiraciones, el de atenuar nuestro interés de lucro, el de buscar nuestro futuro en un ambiente de serias dificultades, el de lograr en resumen, reconocerlos a ellos tal como son y hacerlos parte de nuestra vida cotidiana, para lograr estar disponibles para ellos como una actividad normal y no excepcional y para lograr de ellos no la gratitud sino la disposición hacia nosotros para tratarnos de una vez como seres humanos con la misma consistencia y definición.

Esta es una forma de convertirnos mutuamente a un acceso al poder y el diálogo y los acuerdos tendrán un  fundamento real y viable. Parece utópico, pero no lo es, porque se trata de un camino y de un sentimiento, no de un logro concreto, corresponde a la política desarrollar y convenir los instrumentos para andar ese camino, será a ella a la que le corresponda equivocarse y enmendar, pero a estas alturas parece difícil que se pueda progresar en el sentido de la humanización llamada desarrollo sin el componente de la libertad que debe sentirse en una sociedad reconciliada.

Amartya Sen, un bengalí, profesor de Harvard y ganador de un Premio Nobel de Economía, ha sido uno de los inspiradores de la PNUD, organización de las Naciones Unidas para el desarrollo, para cambiar la visión economicista incluso de los organismos financieros internacionales, sosteniendo en resumen que si no hay libertad no hay  desarrollo humano y si no hay desarrollo humano no hay desarrollo económico y que el desarrollo humano pasa por el rescate de los pobres.

Llegados a este punto, tendremos que convenir que la anti política no tiene sentido, negarse a participar organizadamente en la conducción de un país no es razonable, no podemos renunciar al sistema conciliador de los interesas particulares, no podemos renunciar a nuestra propia vida y no podemos aceptar que los partidos políticos nazcan y crezcan después que se han desarrollado intereses particulares y no como propuestas previas hechas a la sociedad. Si no nos gustan los que existen, estamos obligados a substituirlos y eso lo hacemos oyéndonos unos a otros y aguzando la imaginación. No tenemos que lograr acuerdos, solo tenemos que mirarnos y aceptarnos.

La necesidad y el miedo ya hicieron unificar a un sector de la sociedad, debemos salir a la búsqueda no de un líder, sino de una ocasión para tener sentimientos comunes y de incorporar a ellos a los excluidos, sean o no pobres, entonces podremos hablar de paz y de progreso.

 

 

 

           

 

 

martes, 11 de junio de 2013

SIMÓN BOLÍVAR, EL DEMONIO DE LA GLORIA

Héroes sin maquillaje 

Por Enrique Krauze (*) 

El discurso de Simón Bolívar es claramente republicano pero no democrático. La publicación de Bolívar: American liberator, de Marie Arana, da pie a una reflexión de Enrique Krauze sobre el apego de Bolívar al mando: el temor criollo a la “pardocracia”, a la revolución étnica, a la cruel “guerra de colores”.

 
a la memoria de Simón Alberto Consalvi
En las Obras completas de Simón Bolívar, perdido entre 2,923 cartas y discursos, hay un documento tan extraño que algunos historiadores han dudado de su paternidad. Es “Mi delirio en el Chimborazo”, deliquio literario que data quizá de 1822 y refiere la ascensión, seguramente parcial y tal vez imaginaria, de Bolívar al volcán ecuatoriano. En su “Marcha de la Libertad” había atravesado “regiones infernales, surcado los ríos y los mares, subido sobre los hombros gigantescos de los Andes” hasta llegar a esa “atalaya del Universo”. Ni el tiempo había logrado detenerlo. De pronto, poseído del “Dios de Colombia” (la inmensa y promisoria nación fundada en lo que hoy es el territorio de Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá), “el Tiempo” mismo (viejo venerable, hijo de la Eternidad) se presenta ante él para recordarle la pequeñez de sus hazañas. “He pasado a todos los hombres en fortuna –respondió Bolívar– porque me he elevado sobre la cabeza de todos”, pero la visión le revela el secreto del “Universo físico y moral” que, al despertar, debía trasmitir a sus semejantes.
Bolívar nunca compartió aquel secreto, pero sin duda sentía haber “demostrado a Europa que América tenía hombres equiparables a los héroes del mundo antiguo”. Nuevas empresas lo esperaban: la derrota de las fuerzas realistas en el Perú (1824) y la creación (en el Alto Perú, en 1825) de una nación que llevaría su nombre, Bolivia. Y poseído por “el demonio de la Gloria” quería llegar hasta Tierra de Fuego. A principio de 1826, solo un capítulo faltaría en su libreto: “el laudable delirio” anunciado en su famosa “Carta de Jamaica” de 1815: un gobierno confederado de las naciones americanas: “¡Qué bello sería –había escrito entonces– que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar ahí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios...” En junio de 1826, Panamá sería, en efecto, la sede de ese Congreso Anfictiónico. Para entonces, según estimaciones, Bolívar había recorrido 23,000 kilómetros de campaña y comenzaría a dar señales serias de la tuberculosis que a fines de 1830 acabaría con su vida.
Tratándose del inabarcable Bolívar, es difícil sustraerse a la teoría del “Gran hombre”, más aún si el mismísimo Thomas Carlyle dejó en 1843 un pequeño perfil en el que lo llama “el Washington de Colombia”, lo compara con Aníbal, y va más allá: “Si este no es un Ulises [...] ¿en dónde ha habido uno? ¡En verdad un Ulises cuya historia valdría su tinta, si apareciera el Homero capaz de escribirla!” A lo largo de los años, cientos de autores han buscado encarnar a ese Homero. Ahora recoge el desafío de Carlyle una distinguida escritora peruana: Marie Arana. Su libro Bolívar: American liberator (editado este año en Estados Unidos por Simon & Schuster) no pretende nada menos que eso: recrear la saga homérica del Ulises americano que, según Arana, “por sí solo concibió, organizó y encabezó los movimientos de independencia de seis naciones”.
Con una óptica abiertamente carlyleana, Arana (antigua editora del Washington Post, autora de un par de novelas y de un best seller de National Geographic) se propuso intentar “una narrativa arrolladora, atractiva, más una épica cinematográfica que un tomo académico”. En ese sentido logró su propósito. Su libro no descubre información importante ni aporta interpretaciones originales, pero se lee como una novela escrita con color y brío, poblada de personajes, paisajes, episodios y escenas memorables. Se ha dicho que hay historiadores del verbo e historiadores del sustantivo. Arana pertenece al primer grupo: su historia, como la de Bolívar, no conoce un momento de calma y en su mismo tempo trasmite la irrefrenable pasión del hombre que en la mañana del Jueves Santo de 1812, caminando por las ruinas de su natal Caracas tras un devastador terremoto, exclamó: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca.”
Arana describe el origen de esa intensa y furiosa determinación. Nacido en 1783 en el seno de la más alta aristocracia criolla, descendiente de un fundador de Venezuela del que provenía su nombre y linaje, Bolívar heredó una inmensa fortuna: doce casas y solares en Caracas y La Guaira, minas de cobre, haciendas de azúcar e índigo, plantaciones de cacao, rebaños de ganado y cientos de esclavos. Pero desde la más temprana niñez la propia naturaleza había decidido oponérsele: huérfano de padre a los dos años y de madre a los nueve, el niño Simón agrega a su riqueza enormes plantaciones de cacao legadas por el sacerdote que lo bautiza, pero nada mitiga su tragedia: “irascible, caprichoso, necesitado con urgencia de una mano firme, se volvía cada vez más ingobernable”. Según testimonio de un pariente, Simón vagaba solo por las calles, a pie o a caballo, acompañado de muchachos que no eran de su clase. Y “toda la ciudad de Caracas lo había notado”. Tras procurarle una esmerada aunque inconstante educación científica y literaria, y el ingreso a la Academia Militar, en 1799 sus tutores discurren la solución de un viaje a Madrid, donde el joven aristócrata frecuenta la Corte imperial, con incidentes chuscos que mucho tiempo después recordó o acaso inventó (como haber estrellado un gallo de bádminton en la cabeza del futuro Fernando VII). Lo cierto es que en ese primer viaje a Europa encuentra el amor que debía redimirlo. Su matrimonio con María Teresa Rodríguez del Toro ocurre bajo los mejores auspicios. La joven pareja se instala al lado de la catedral en Caracas. Pero el idilio es efímero. María Teresa muere a los cinco meses de su arribo, víctima de fiebre amarilla. Bolívar queda viudo a los diecinueve años de edad. Sus duelos son el anuncio del rebelde que vendrá.
Su preceptor, el rousseauniano Simón Rodríguez, le “hizo comprender que existía en la vida de un hombre otra cosa que el amor”, escribía Bolívar a su amiga Fanny du Villars en 1804, durante el nuevo viaje europeo que había comenzado en 1803 y se extendería hasta 1807. En las principales capitales frecuenta la vida galante y los salones ilustrados, atestigua el ascenso de Napoleón, el “gran hombre” a quien siempre tuvo presente como emblema heroico, pero cuya coronación en Notre Dame en 1804 le pareció abominable. Y en la primera ascensión febril de su vida (en el Monte Sacro de Roma, en 1805), acompañado por Rodríguez, jura liberar América del yugo español. Arana cubre con vivacidad esta etapa, aunque no deja de incurrir en tópicos de la historia tradicional. Un ejemplo es su relación con Humboldt, el sabio alemán cuyas obras habían abierto al público europeo (y a Thomas Jefferson) el interés y el apetito por los riquísimos dominios de España en América. Arana recrea los encuentros casi como señales de predestinación, pero muchos años después Humboldt –sorprendido por la buena estrella de Bolívar– recordaba a su interlocutor como “un hombre pueril”.
***
Simón Bolívar: el demonio de la gloria 1
Raúl Arias

El enfoque carlyleano es popular pero como método y teoría del conocimiento histórico, además de anacrónico, tiene al menos dos inconvenientes: tiende a dejar de lado contextos pertinentes (sociales, culturales, históricos), y a cancelar la distancia entre el biógrafo y el biografiado. Arana incurre en esta doble falla desde el instante en que asume el libreto de Bolívar según el cual los hechos que conmovieron el subcontinente americano en la segunda década del siglo xix fueron provocados por la “incompatibilidad fundamental” entre el viejo, decadente pero aún poderoso Imperio Español, que había oprimido a sus colonias de ultramar por trescientos años, y la voluntad de los americanos por conquistar su libertad e independizarse. A estas alturas, con los aportes diversos al conocimiento histórico que Arana desestima, es inadmisible esta variante de la leyenda negra española aplicada a los movimientos de independencia.


Reproducido de "Letras libres" en http://www.letraslibres.com/autores/enrique-krauze

(*)   Historiador, ensayista y editor mexicano, director Letras Libres y Editorial Clío.

viernes, 7 de junio de 2013

LA CUCARACHA GREGORIO SAMSA


                                                                       Julieta León (*)





La cucaracha Gregorio Samsa (**)
encerrada en su cuarto prisión
 
reflexiona sobre las circunstancias de la vida
 
entiende cuán lábiles son los sentimientos humanos
 
algo allí dentro de su caparazón aún late
cree que su madre y su hermana lo amarán
 
pese a su aspecto
una cruel pesadilla
que pronto pasará
 
piensa en sus deberes                  en su familia
en su trabajo
en su jefe maltratador
 
se preocupa por los otros
que lo incordian
lo gritan
lo insultan
 
le cuesta aceptar que sólo lo quieren
                                    si produce dinero
 
si cancela la deuda inexistente del mentiroso padre
 
si va a trabajar a las cuatro de la mañana
para que el señor Samsa pueda levantarse tarde
desayunar bien   confortablemente
pasar el resto de la mañana leyendo los periódicos
 
no lo quiere creer
no lo puede creer
 
daddy levanta el puño en alto
lo amenaza con el bastón
 
le da una patada que lo catapulta a su cuarto
 
sólo le queda la metáfora del hospital
el negro edificio  tras su ventana
 
la cucaracha Gregorio Samsa
descubre cómo son rechazadas las minorías
 
los Gregorio Samsa de hoy día
homosexuales
presos de conciencia
sidosos 








(*)   Caracas.  Poeta. Licenciada en Filosofía y Letras.
Premio XV Bienal Internacional  "José Antonio Ramos Sucre"
 

 
(**)     Gregorio Samsa: protagonista de "La Metamorfosis" de Franz Kafka (N. del E.)

  

                                                       

viernes, 31 de mayo de 2013

Declaración sobre Nuevo Brote de Influenza A (H1N1)pdm 2009

 
 
29 de mayo de 2013
 
La Red de Sociedades Científicas Médicas Venezolanas, la Sociedad Venezolana de Salud Pública, la Red Defendamos la Epidemiología Nacional, El Observtorio Venezolano de Salud del CENDES, con el patrocinio de la Academia Nacional de Medicina, cumple el deber de dirigirse a la comunidad  y a las autoridades del Ministerio de Poder Popular de la Salud, con el objeto de contribuir a orientar a las personas en relación con esta amenaza para la salud.
 
El brote de influenza A(H1N1)pdm09 es una forma de infección muy contagiosa,  producida por un virus de influenza estacional que viene circulando en Venezuela desde mayo de 2009 durante la pandemia producida por este virus y capaz de producir brotes de la enfermedad en forma cíclica, con afectación e impacto sobre grupos de población variable y riesgo de complicaciones  y  de muerte. Por estas razones es necesario mantener permanentemente medidas de alerta y vigilancia epidemiológica y activación de procedimientos de control cuando aparecen brotes epidémicos.
El brote que actualmente afecta a Venezuela  se inició en la semana epidemiológica N· 17 en el estado Mérida y actualmente existe evidencia de su amplia extensión a 18 entidades federales del país y posible extensión al Departamento del Norte de Santander, territorio fronterizo con la República de Colombia.
Para entender las condiciones que precedieron el brote es necesario resaltar:
1. Una vez declarada finalizada la pandemia de influenza por el virus de influenza A(H1N1)pdm09 en julio de 2010, éste continuó circulando en Venezuela como un virus estacional luego de su introducción en nuestro país, en mayo de 2009. Este comportamiento era de esperarse como ha ocurrido en muchos otros países.
2, En Venezuela ocurrió en 2011 un brote de influenza A(H1N1)pdm09  post-pandémica muy intenso, que afectó a numerosos estados, entre ellos con importancia singular el estado Mérida y otros estados andinos.
3. A finales de 2011 el virus dominante fue el de influenza A(H3N2). Durante 2012, co-circuló el virus de influenza A(H1N1)pdm09 con el virus de influenza A(H3N2) siendo este último el dominante. Ambos virus circularon continuamente con baja intensidad. En el transcurso del año 2013 han co-circulado ambos virus con predominio del virus de influenza A(H1N1)pdm09 también con baja intensidad. Así, al menos 12 estados notificaron casos confirmados del virus en las primeras 16 semanas epidemiológicas como evidencian los Boletines Epidemiológicos Semanales del MPPS. En el estado Mérida se identificaron los primeros casos confirmados del virus A(H1N1) pdm09 en el mes de abril de 2013, a partir de la semana epidemiológica N· 17.
4. En las últimas 4 semanas el número de casos se multiplicó aceleradamente, hasta la semana N· 20; con corte al día 23 de mayo, el número de casos en Mérida ascendió a 125  y en el país se confirmaron 230 casos en 16 entidades federales. Los grupos de población más afectados son menores de 49 años. Si bien el MPPS no ha ofrecido un reporte específico del brote que permita una caracterización clínico epidemiológica, se conoció que la mayoría de los casos ha ocurrido en hembras, y en personas con y sin factores de riesgo, en adultos de edad media de la vida. Los primeros casos ocurrieron entre personal de salud de una Institución Privada de la ciudad de Mérida.
5. No se ha publicado oficialmente el número de fallecidos, sin embargo la información recolectada de medios regionales hasta el día de hoy, indica el fallecimiento de 19 personas, en los que la causa básica de la muerte es la infección por el virus, en personas con enfermedades crónicas precedentes. La mayoría de los casos mortales (8) han ocurrido en el estado Mérida y 11 muertes han ocurrido en otros 6 estados: Zulia, Aragua, Lara, Táchira, Anzoátegui y Bolívar.
6. Durante el año 2010, contrario a las recomendaciones de la OMS-OPS muy pocas personas en Venezuela recibieron la vacuna monovalente contra la Influenza A(H1N1). El MPPS no adquirió suficiente cantidad de vacunas en 2010, ni estimuló suficientemente la vacunación de la población. Venezuela y Haití fueron la excepción en el Continente Americano.
7. A partir de 2011, luego del brote post-pandémico que se inició en febrero, se aplicó la vacuna que contenía el biológico contra la Influenza A(H1N1) junto con el de otros dos virus de Influenza Estacional. Se aplicaron en 2011 cerca de 4 millones de dosis. Esta cantidad fue insuficiente, tanto para proteger a la población mayor de 60 años, como para proteger los grupos de riesgo (enfermedades crónicas debilitantes, y embarazadas entre ellos). No se recomendó oficialmente la vacunación de niños entre 5 y 9 años, decisión que en nuestro criterio fue un error. Tampoco se estimuló al personal sanitario a aplicarse la vacuna, aun cuando por razones ocupacionales es un grupo de riesgo.
8. Las coberturas de vacunación de la población en 2010 y 2011 para influenza y para neumococo fueron extremadamente bajas (alrededor de 15% de la población meta para niños y para adultos). Los datos de cobertura correspondientes al año 2012 son incompletos pero también fueron sub-óptimos. No hay datos confiables para las coberturas alcanzadas en 2013.
9. La pandemia de influenza A(H1N1) en Venezuela (2009-2010) fue de baja intensidad y con menor letalidad que en otros países vecinos; esta circunstancia y las bajas coberturas de inmunización de los años 2010, 2011 y 2012 permitieron en el momento actual, la existencia de numerosas personas susceptibles a la enfermedad, en la población general y en los grupos de riesgo, entre ellos, el personal sanitario no vacunado y expuesto por razones ocupacionales.
Por las razones anteriores hacemos las siguientes recomendaciones:
1. Es recomendable insistir que la vacunaciónes la medida más efectiva y segura para proteger las personas que pertenecen a los grupos de riesgo, y al personal de salud expuesto por razones ocupacionales aun cuando el brote epidémico está en desarrollo. La vacuna específica antiinfluenza estacional no es sustituible por otras estrategias de control y profilaxis que solo la complementan.
2. Deben analizarse las razones que contribuyen a la baja cobertura de inmunización contra la influenzaen los últimos 3 años y corregir las fallas.
3. Deben realizarse campañas para estimular la aceptación de la vacunación entre el personal de salud, a reducir la resistencia y los prejuicios al uso de la vacuna, como ha recomendado la Organización Mundial de la Salud..
4. Es deseable la lectura de la Recomendaciones para Instituciones de Salud y otras Instituciones, para la población general y grupos especiales, elaboradas con motivo de la pandemia de Influenza A(H1N1)  por la  Comisión de Epidemiología de la Red de Sociedades Científicas Venezolanas entre 2009 y 2011.
5. Debe iniciarse una campaña de educación e información al público y al personal sanitario, que excluya mensajes inconsistentes y falaces como los ¨cercos epidemiológicos¨ divulgados en este momento por las autoridades regionales de salud del estado Mérida y de otros estados.No es aceptable por ninguna razón la censura arbitraria de información epidemiológica del brote, por parte ningún funcionario pues aumenta la incertidumbre y el miedo y la conmoción entre la población, y contribuye a subestimar el problema. La censura epidemiológica y la restricción arbitraria de informaciónviola el derecho de las personas a estar debidamente informadas sobre asuntos de interés público y disminuye el alerta e interés por el cuidado personal de su salud y la participación de los ciudadanos para preservar la salud de la población, a la vez que impide a los profesionales de la salud el acceso a las fuentes de información oficial confiables y necesarias para orientar el diagnóstico y las conductas aplicables a los casos sospechosos.
6. Deben recordarse medidas de profilaxis individuales y colectivas, no farmacológicas, comprobadamente efectivas, como el lavado de las manos, el taparse la boca en caso de tos sin usar las manos. Las recomendaciones sobre saludo y cortesía. El aislamiento voluntario en su casa de las personas con síntomas de la enfermedad. El uso de medidas de barrera en los casos que se justifique. El MPPS Debe garantizar los recursos necesarios para diagnóstico y tratamiento de los casos y las dotaciones de insumos de los hospitales a los que deben asistir los pacientes que requieren cuidados institucionales especializados. No debe olvidarse la consulta médica oportuna de aquellos pacientes con síntomas severos o persistentes de dificultad respiratoria o síntomas generales por períodos mayores de 48 horas y debe evitarse la automedicación, así como la consulta profesional tardía.
7. Las autoridades de salud deben hacer uso de las lecciones aprendidas desde la pandemia de influenza en 2009. Actualmente se cometen numerosos errores injustificables, sobre la manera de comunicar a la población el problema y las estrategias para controlar la enfermedad. Dada la existencia de una vacuna efectiva y razonablemente segura, en estas circunstancias el enfoque debe ser de mitigación del impacto de la enfermedad y no de ficticios y engañosos ¨cercos epidemiológicos¨ como erróneamente se ha informado porque el virus circula ampliamente en la comunidad desde hace mucho tiempo. Por lo que hay que insistir en los siguientes preparativos y acciones de inmediato:
a. Reforzar la Campaña permanente de información, educación y promoción sobre medidas básicas de higiene personal, lavado de las manos, hábitos de saludo y cortesía. Uso de pañuelos descartables al estornudar o toser. Vocería única institucional, conducida por epidemiología.
b. Insistir en la Identificación de casos en preescolares, escuelas, colegios, universidades y otros centros e instituciones y orientarlos a que deben permanecer en su casa por lapsos no menores de 7 días.
c. Orientar sobre aislamiento voluntario en sus casas, justificable para  la gran mayoría de los enfermos y medidas de protección para cuidadores. Tiempo de aislamiento: para niños 7-14 días. Adultos 5-7 días.
d. Definir uso y prioridad de la vacuna en grupos de riesgo y personal de salud y cuidadores, aún cuando su efectividad comience a producirse 3 semanas después de inoculada. Debe redefinirse la población a ser vacunada de acuerdo con patrones epidemiológicos de susceptibles y tasas de incidencia y letalidad de la enfermedad por grupos de edad.
e. Dar prioridad para el uso de la vacunaal personal de salud, embarazadas,  período postpartum inmediato y otros grupos definidos de alto riesgo de complicaciones y letalidad.
f. Estimar los grupos de susceptibles y tipo de cuidados a ofrecer, para cálculo de insumos necesarios: vacunas, antivirales, soluciones parenterales, antibióticos, guantes, tapabocas,  batas descartables, lentes de protección, inyectadoras, monitores y medidas de soporte vital de acuerdo con el porcentaje de pacientes que deberán ser hospitalizados.
g. Promover la consulta institucional oportuna, y solo la eventual hospitalización de pacientes con síntomas y signos de alarma: como postración, permanencia de síntomas intensos por más de 48 horas, dificultad respiratoria o falla de múltiples órganos.
h. Orientar sobre Preparativos para centros asistenciales, con guías de atención que deben ser divulgadas y normas y criterios para conductas, terapias, protocolos de tratamiento y decisiones de ingreso y egreso. Cuidado y prevención de riesgo ocupacional del personal de salud. Asignar y dotar hospitales centinela por región.
i. Fortalecer la capacidad diagnóstica, uso de la definición de caso , tomas de muestras, transporte y procesamiento con tecnología apropiada para conducir casos individualmente y contribuir a la vigilancia del comportamiento del virus, eventuales mutaciones y resistencia a los antivirales Así como la vigilancia de los efectos secundarios y las reacciones a la vacuna. Estudiarla descentralizacióndel laboratorio de procesamiento de muestras mediante la técnica PCR-RT a las regiones en centros calificados con capacidad  certificada. (Esto lleva tiempo, por lo general más de 2 meses) para agilizar entrega de resultados.
j. Dar seguimiento de la evaluación de impacto del brote epidémico sobre el sistema de salud y su capacidad de respuesta.
k. Planificar los recursos financieros extraordinarios para atender el brote.
l. Establecer alianzas interinstitucionales con Academia Nacional de Medicina, Universidades, Centros de Investigación, Sociedades Científicas, Gremios, ONG y Medios de Comunicación.
m. Crear mecanismos de cooperación intersectorial con otros organismos públicos, Internacionales, nacionales y estatales.
n. Evaluar los resultados.
Las instituciones que representamos, ratifican su disposición a cooperar y brindar su apoyo a  la colectividad y a la Autoridades del MPPS en las acciones destinadas a controlar esta amenaza para la salud de la población.
 
Por la Academia Nacional de Medicina. Dr. Rafael Muci M.
 
Por la Red de Sociedades Científicas Médicas Venezolanas.  Dra. María Yanes
 
Por la Sociedad Venezolana de Salud Pública. Dr. Saúl O. Peña
Por el CENDES, UCV. Dr. Carlos Walter V
 
Por la Red Defendamos la Epidemiología Nacional. Dr. Oswaldo Godoy, Dr. Ángel Rafael Orihuela, Dr. José Félix Oletta L., Dra. Adelfa Betancourt, Dr. Andrés Barreto.
Por el CENDES, UCV. Dr. Carlos Walter V
 
Por la Red Defendamos la Epidemiología Nacional. Dr. Oswaldo Godoy, Dr. Ángel Rafael Orihuela, Dr. José Félix Oletta L., Dra. Adelfa Betancourt, Dr. Andrés Barreto.

sábado, 25 de mayo de 2013

Informe médico

                                                                                               Vicente Lecuna




                                      (Fragmentos)


                                        




El anestesiólogo, uno de los fundadores, todavía seguía trabajando. Intubaba y dormía niños y luego se dormía sentado en una silla cómoda, mientras su enfermera ayudante vigilaba sus signos vitales. Hasta que en una intervención ortopédica sencilla de una niña, por una pequeña deformación en un pie, la dejó durmiendo para siempre. Ella contaba con tres años de edad. Para sus colegas, cómplices y compañeros de trabajo, en cuenta de la ventaja de que los testigos callarían, los cirujanos no son responsables de los actos de los anestesiólogos, se cubrieron mejor las espaldas y, para evitar problemas jurídicos que los desprestigiaran, le asignaron al anestesiólogo una pensión vitalicia, y subcontrataron a uno más joven, mientras trataban de conseguir, fuera de tribunales, algún arreglo con la familia. Eso fue hace más de 30 años y todavía no ha pasado nada.







Una joven y recién graduada interna de una clínica privada realizó una historia de ingreso un domingo en la noche a una paciente de 20 años que padecía, desde hace 5, un dolor en la fosa ilíaca derecha asociado a estreñimiento pertinaz. La paciente fue ingresada por un cirujano para hacerle una resección quirúrgica del apéndice cecal debido a una apendicitis crónica, entidad que había dejado de ser quirúrgica años atrás. La interna escribió estreñimiento como diagnóstico en la historia. Al día siguiente, cuando el anestesiólogo leyó en voz alta el diagnóstico antes de proceder a dormir a la paciente, se hizo un silencio en el pabellón. El lunes, a pesar de que el diagnóstico de la interna era el correcto, recibió una carta de despido. 









Cada tres meses, el último jueves del mes, en la época cuando las monjas estaban encargadas de la clínica, llegaba un hombre mayor acompañado por una mujer, entre las ocho y nueve de la noche, relatando un dolor localizado en la parte anterior del tórax, irradiado al brazo izquierdo, de aparición repentina, intensidad fuerte, carácter opresivo, duración continua, acompañado de náuseas, pero sin vómitos. El electro y las enzimas resultaban normales, sin embargo lo internaban para su observación con el diagnóstico de sospecha de infarto, y lo dejaban en reposo absoluto con seis electrodos aplicados a la región precordial para el registro continuo en el electro, y un manguito de goma en el brazo para medir la tensión arterial cada 15 minutos.
Al día siguiente, después de un segundo electro, una prueba de esfuerzo, ecocardiograma y doppler a color, y una nueva determinación de los niveles sanguíneos de las enzimas indicadoras de la necrosis miocárdica, egresaba con el diagnóstico de cor sano. Llevaba tres años así, hasta que una camarera comentó que la habitación permanecía cerrada con llave toda la noche cada vez que el hombre y su mujer estaban hospitalizados. Entonces la monja superiora, acompañada por el residente de guardia, una noche utilizó la llave maestra y los encontró durmiendo en la cama, ella encima y él abajo. Se excusaron de manera formal y pidieron a la monja que los dejara hablar con el médico.
Como si estuvieran relatando un caso clínico en una reunión científica o un informe técnico ante cualquier comité, explicaron que la habitación de la clínica era el único lugar donde habían podido alcanzar un orgasmo. Habían fracasado en hoteles, parques, moteles, piscinas, automóviles, terrazas abiertas o techadas, galpones, en navíos en baja o alta mar, en la arena o en el agua de playas solitarias, ascensores detenidos, closets, baños privados o públicos y en lugares tan curiosos como el jardín zoológico durante la noche, el Museo de Arte Contemporáneo en horarios de visita, la plaza Bolívar y contra la reja cerrada de una estación del Metro fuera de servicio.
Ingresar a una clínica les resultaba complicado, tomando en cuenta las restricciones crecientes impuestas por las compañías de seguro.










(*) Vicente Lecuna Torres: Venezolano nacido en Washington en 1939. Médico gastroenterólogo. Médico Cirujano   ( 1964).  Doctor en Ciencias Médicas (1976 )en la Universidad Central de Venezuela. Ha sido Director de la Escuela de Medicina "Razetti" y Decano de la Facultad de Medicina de dicha Universidad. Ha publicado numerosos trabajos científicos y un libro de texto de su especialidad, además de una colección de cuentos: "Informes del Director de la Oficina" (1988), una novela, "Anahitá" (1997) e "Informe Médico" (Mondadori, Caracas,2006) del cual publicamos tres fragmentos con su autorización.