miércoles, 20 de abril de 2016

CARTA DE ALBERTO ARVELO TORREALBA A ANTONIO ESTÉVEZ



Con motivo de la celebración del año centenario del natalicio del compositor venezolano Antonio Estévez, publicamos a continuación esta carta que el poeta Alberto Arvelo Torrealba, autor del poema "Florentino y el Diablo" escribiera con ocasión de haber escuchado la ejecución de la Cantata Criolla, del músico calaboceño.

Acarigua, 6 de diciembre de 1961
Señor
Profesor Antonio Estévez
Caracas.
Querido y admirado amigo:
Conocía su estupenda Cantata Criolla sólo por grabaciones. Hoy, después de haberla escuchado en el estadio de Maracay, con intervención de la Orquesta Sinfónica Venezuela, de los solistas Antonio Lauro y Teo Capriles y de varios selectos grupos de Caracas; y tras el cordial entusiasmo con que usted, su gentil esposa y todos los artistas del proscenio nos agasajaron después del acto a mí y a mi mujer, al reconocernos entre la multitud, quiero reiterar y ampliar por escrito lo que en esta oportunidad esbocé en breves palabras imprevistas.
Convalecía entonces de fuertes quebrantos de salud, y la emoción, es cierto, halló campo favorable para conmoverme en forma inusitada al comienzo del acto, casi hasta inhibirme de gozarlo en plenitud. Esa sacudida afectiva se revivió en los episodios del aljibe de arena. Pero contrariamente a lo que podría presumirse, cuando resonaron los cascos del caballo, heraldos del vaquero sombrío; cuando el solo de Lauro, trágico y desafiante, hondo de llanería diablesca, encarnó la presencia del espanto, y los coros la tremoliaron hasta desvanecerla, y sobre todo; cuando la voz de Capriles, inmensa y solitaria estiró aquel ”sabana, sabana, tierra que hace sudar y querer”, como enrumbada hacia las señeras soledades “sin jorobas”, entonces aspiré una saludable sensación del patio familiar tranquilo. Entré en mi mundo. Me di cuenta de que aquella era la misma gente mía, mis propios hijos mayores, a quienes puse una vez a pelear por prepotencias ideales, y que ahora tornan a mí, vestidos de gala, ricos y enaltecidos, pero con el mismo amor y el mismo dolor de la patria con que de mí se fueron.
Mucho debe mi poesía a los preclaros músicos y compositores que la han interpretado. Majadero inquisidor de mis propios versos, aún de aquellos ya incorporados a mis libros, creo, sin embargo, que la mínima retribución al regalo de un aire musical selecto para una poesía, es mantener ésta intocada, inmune a la propia inconformidad, como reverencia espiritual a la música que la enaltece. Tal regla, con todo, he dejado de cumplirla con respecto a Florentino, el que cantó con el Diablo. Hecho por el cual debo a usted y al público una explicación.
A principios de 1950, decidí reestructurar la versión originaria de ese poema, para darla a la edición extraordinaria del “El Nacional” de ese año. Como quedaban pocos meses para el arreglo, y dado el carácter antagónico de los personajes, procedí, en fiel introversión de sus fueros, a darles plazo fijo para presentar su pliego de puntas, réplicas y contrarréplicas en la ampliación de la porfía. Vencido ese lapso, con el juicio contradictorio de los coplistas aún en fogueo, dí por clausurada la nueva versión y la mandé puntualmente al periódico. Pero los pensamientos rivales quedaron trabajando, en los términos toldados del subconsciente. Ardides del decir, retruques, saetas, refranes alusivos, retruécanos, alardeos epigramáticos, se multiplicaban, esgrimidos por los contrincantes, en clave recíproca. En virtud de esta íntima querella, a raíz de publicada la nueva versión, ya se gestaba otra de mayor amplitud, aún sin yo quererlo.
Para ese momento – agosto de 1950 –según me lo explicaba en Roma el insigne profesor Plaza, ya usted tenía casi lista la Cantata Criolla. Acaecieron, a partir de entonces, varios hechos artísticos extraordinarios.
En primer lugar, usted se impuso la tarea titánica, perdiendo quizás varios años de trabajo, de rehacer la partitura, precisamente en la parte de la misma que debía llevarle más tiempo: todo El Reto, más el comienzo de La Porfía. De este modo, la Cantata Criolla, interpretaba en su mitad inicial, la versión de 1950, mientras que el resto de la obra, quedaba sin cambios de fondo, concordado a la versión originaria de 1941.
Por otra parte, al estrenar usted su obra, la música rebalsó la poesía. Por el cauce estrecho de mi Apure coplero, usted puso a correr el Orinoco de su fantástica imaginación musical. A los versos del contrapunteo se asociaron, despertando sugestiones insospechadas, los austeros contornos de las melodías. A cada lado de las estrofas interpretadas, y por ende a la vera de todo el poema, quedaron, por magia de la música, cual en la vecindad de los ríos después de las crecidas, inmensos charcos luminosos, grávidos de imágenes inéditas. Por eso en los últimos toques que di a mi obra al forjar en 1957 la versión definitiva, tuvo que haber algo, acaso mucho de la interpretación a esos ecos de su interpretación.
Finalmente esa música, como una clarinada, como un alerta de gallos madrugueros, reactivó el espíritu combativo de mis personajes. Y sucedió lo que tenía que suceder. En la nueva planificación de la obra los copleros rivales en contumacia casi anárquica, se prevalieron de mi entusiasmo, para desbordarse en el desahogo ilimitado de sus argumentos reprimidos.
Así nació, con posterioridad a la Cantata Criolla, la versión última de mi poema. La última digo, porque me propongo no ceder ni un palmo ante el influjo de los personajes. Están ahora otra vez en tranca de viva reyerta, pidiéndome que siga la porfía. Categóricamente enfatizo que no lo lograrán.
Sé que el jinete del trote sombrío anda diciendo por los hatos de Barinas que pedirá la nulidad del poema porque en su último canto hubo milagro, patentizado en adelanto fraudulento de la aurora. Son alharacas y artificios muy propios de él. Jurista de altura, bien sabe que las leyes naturales no admiten prueba en contrario. Bien sabe también que si algo aparece como axiomático en mi poema, es el haber cruzado yo impávido, entre las dos figuras querellosas, sin diferencias ni desigualdades.
Más todavía. En alardeo de ésta imparcialidad, bien puedo confesar ahora cuando ya solo soy un tercero en la litis, que si alguna tentación de preferencia tuve en el poema, fue hacia el Diablo. Florentino es más fresco de lirismo, más ágil de epigrama, más sabio de imagen pechera, mas brujo de rasgueo en las cuerdas, más rico de atropello en el cantar. Pero el grave Autócrata de la Tiniebla es más hondo, mas poeta, más músico, más humano en las resonancias de la tragedia y la amargura. Rebelión y sufrimiento son el signo cardinal satánico. Cuando en el último drama de Byron, Caín pregunta: “¿Qué hacer para alcanzar destello de la eternidad?” – “Sufrir! ya estás en ella” fue la respuesta del díscolo y taciturno Arcángel Desterrado.
Para mí fue el propio Diablo, por confiado en su prepotencia retórica, pero acaso menos zahorí que su adversario, el que invirtió el lógico desenlace de la tremenda supremacía controvertida. Porque él no ha debido aceptar nunca la asonancia aguda de la primera vocal que le planteó su contrincante para el último episodio de la instancia. Y si la aceptó, ufano de su baquía poética, pregonando que los graves y los agudos le dan lo mismo, ha debido cambiar tal rima, después de la segunda réplica. Olvidó, y eso le costó un triunfo que él mismo ya había pregonado, que esa asonancia es asaz propicia para exultar pompa y arrobamiento religiosos, y sobre todo para la evocación mariana en cadenas, ráfaga final de desespero, con que Florentino logró enmudecerlo.
Esa es la realidad. Lo del milagro, con los “lebrunos del día” surgentes en la alta madrugada, es una despechada fabulación del Tenebroso, quien ya otra vez fue sorprendido por el alba, según pintoresco pasaje de Milton. Acaso se propone coaccionarme moralmente para que yo siga la porfía. Mas “sepa el cantador sombrío” que me inhibo definitivamente de la misma, la cual él y su adversario bien pueden continuar por su sola cuenta; y que si insiste en la sediciente acción de nulidad, la cual por lo demás ya está prescrita, remitiré todos los recaudos poéticos y musicales relativos al caso al señor Obispo de mi jurisdicción eclesiástica, para que éste decida la controversia, ya que los milagros, como figura jurídica, pertenecen al Derecho Canónico.
Siento mucho mi distinguido amigo, que no me sea dable finalizar esta carta con un juicio técnicamente apreciativo de su gran obra, por ser yo un perfecto profano en la especialidad artística donde usted campea. Mi vieja llanería sí puede, en cambio, intuir la siguiente apreciación objetiva:
Armonizando antítesis, como en dialéctica de embrujo, su Cantata se nos revela sosegadora e inquietante, llana y profunda, universal y criolla, popular y erudita, real y fantasmagórica. Su fondo permanente es rebeldía. Su fuerza humana, la virtualidad de conmover muchedumbres y de pasmar maestros. Su proeza artística, hacernos oír, bajo el cielo de América, con virgen voz americana, el ronco son de los remos con que aún golpean a los siglos los trágicos barqueros de la Estigia y el Aqueronte. Dentro de lo musical, la concurrencia de esos rasgos tipifica el signo demoníaco. Lo cual da a usted, sitio de honor entre los grandes músicos de inspiración diabólica que patrullea Paganini.
Por todo eso empiezo a sospechar, dilecto amigo, que entre los dos copleros, fraternos en el arte, antagónicos en el rumbo y en la meta de la esperanza, usted ha tenido también su poquito de preferencia por el Diablo.
De usted, cordialmente,
Alberto Arvelo Torrealba
Ensayo de la Cantata


miércoles, 23 de marzo de 2016

LA MISA DE LEONARD BERNSTEIN. ENLACE Y DESCRIPCIÓN





La presente es la presentación de la Misa de Leonard Bernstein en el Albert Hall de Londres, tal como fue transmitida y reproducida por BBC PROMS en 2012. Para este montaje, que corresponde más al diseño de un concierto o de un oratorio que a una obra teatral, tanto la escenografía como el vestuario fueron notablemente simplificados, sin que, en mi opinión, sufriera la obra ningún desmedro. Al final de esta entrada está la traducción de una descripción de la obra original.



Para ver y escuchar el video, favor hacer clic sobre este enlace


Orquesta Nacional de la BBC de Gales. Lesley Hathfield, leader.
Orquesta Nacional Juvenil de Gales.Director: Kristjan Jarvi.
Celebrante: Morten Frank Larsen
Niño solista: Julius Foo
Coro Nacional de la BBC de Gales
Maestro de coro: Adrian Partington
Maestros de coro: Huw Foulkes & Ryhs Griffiths
Coro Nacional Juvenil de Gales
Maestro de coro: Ralph Allwood
Masa de coro de niños
Maestro de coro: Osian Rowlands
Gente de la calle. Estudiantes y Alumnos del Real Colegio de Música y Drama de Gales
Banda de Rock y Blues: Trio Matt Herskowitz
Director de Escena: Thomas Kiemle
Presentados por: Petroc Trelawny
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                        LEONARD BERNSTEIN: MISA


Obra teatral para cantantes, actores y bailarines
Texto de la liturgia de la misa romana
Textos adicionales de Stephen Schwartz y Leonard Bernstein
1971



Traducido por F.P. del artículo Mass publicado sin firma en el portal Leonard Bernstein Office Inc. con algunas adiciones y aclaratorias propias.

Durante su permanencia legendaria en la Filarmónica de Nueva York desde 1958 hasta 1969, Leonard Bernstein compuso dos obras: la Sinfonía N°. 3: Kadish (1963) y Salmos de Chichester  (1965). Había dedicado Kadish a la memoria de John F. Kennedy poco después de su asesinato, y cuando Jacqueline Kennedy Onassis pidió a Bernstein que compusiera una pieza para la inauguración en 1971 del Centro Kennedy para las Artes Escénicas en Washington, DC, estuvo entusiasmado por honrar  la ocasión con una obra nueva de gran calado, y supo que siempre había querido " componer un servicio [religioso] de uno u otro tipo."

Hijo de padres judíos rusos y activista social , Bernstein hizo una sorprendente escogencia:. La misa católica romana.  Pero en lugar de una mera adaptación puramente musical de la liturgia latina, creó un evento teatral ampliamente ecléctico colocando el  rito religioso de 400 años de edad frente ante un diálogo tenso, dramático con la música y letra de la lengua vernácula del siglo 20, usando esta dialéctica para explorar la crisis en la fe y la descomposición cultural de la era post-Kennedy.

A finales de 1960, el país se había polarizado sobre la participación de EE.UU. en la guerra de Vietnam. Un poderoso movimiento antibélico barría la nación, alimentado por la indignación por el reclutamiento y las bajas masivas,  las atrocidades tales como la Masacre de ,My Lai, las  incursiones en Laos y Camboya, el encarcelamiento de objetores de conciencia y activistas, y, en 1970, los disparos a los estudiantes de la Universidad Estatal de Kent. Estos tiempos turbulentos producen una inquieta cultura juvenil hambrienta de un gobierno digno de confianza y de autoridad espiritual que refleje sus valores. La Misa les dio una voz.

Seis meses antes del estreno programado, la misa estaba lejos de haberse completado. Necesitado de un colaborador, Bernstein decidió pedir al joven compositor-letrista Stephen Schwartz para trabajar con él en el texto. Schwartz había demostrado recientemente su capacidad para transformar historias religiosas y rituales en el teatro contemporáneo con Godspell, su hit musical basado en el Evangelio de San Mateo. Los dos escritores se cayeron bien y trabajaron rápidamente para cumplir el plazo.

Bernstein y Schwartz visualizaron la Misa no como una pieza de concierto, sino como una puesta en escena dramática, como un desfile espectacular. Se mezclan los textos sagrados y seculares, utilizando la secuencia tradicional en latín litúrgico como la estructura fundamental y la inserción de los tropos en Inglés contemporáneo que se trate y desafiar el servicio prescrito, así como meditaciones que demandan tiempo para la reflexión. Tomaron la misa tridentina, un rito católico altamente ritualizado, destinado a ser recitado palabra por palabra, e insertaron una práctica muy judía de debatir y discutir con Dios. El resultado fue una pieza que comunica poderosamente la confusión y malestar en la cultura de la década de 1970, cuestionando la autoridad y la defensa de la paz.
La Misa de Bernstein es interpretada por  un Celebrante acompañado por un coro formal, un coro de niños, acólitos y músicos.

La Misa es  presidida por un Celebrante acompañado por un coro formal de chicos del coro, acólitos y músicos. Su congregación de jóvenes descontentos (la"Gente de la calle") canta los tropos que desafían el dogma eclesiástico formal de la Iglesia. A medida que la tensión crece y el Celebrante se vuelve más y más investido de autoridad, los cínicos miembros de la asamblea se dirigen a él como el sanador de todos sus males, exigiendo violentamente  la paz. En un momento culminante, abrumado por el peso de su autoridad, el Celebrante arroja los sacramentos al piso y experimenta un completo derrumbamiento espiritual. La catarsis crea una abertura para un retorno a la fe sencilla, pura con la que había comenzado el ritual, expresado en el sublime A Simple Song ("Una sencilla canción"). Aunque la Misa desafía la autoridad divina, dejando al descubierto sus contradicciones y cuestionando la relevancia de la religión en la vida contemporánea, en definitiva, sirve como una reafirmación de la fe y la esperanza de la paz universal.

El eclecticismo de la música de la Misa refleja la naturaleza polifacética de la carrera de Bernstein, con blues, rock, gospel, folk, y modismos de jazz y Broadway que aparecen al lado del serialismo de dodecafónico, marchas sinfónicas, himnos solemnes, danzas del Medio Oriente, meditaciones de orquesta, y exuberantes corales, todos unidos en un solo evento dramático con motivos recurrentes musicales. Bernstein utiliza el deshinibido rock 'n' roll tonal del Coro de la Calle para desafiar la música dogmática, atonal, de la Iglesia; finalmente, el argumento musical se resuelve con un glorioso coral tonal Almighty Father ("Padre Todopoderoso") cantado por todo el ensemble

La Misa fue estrenada el 8 de septiembre de 1971, en la inauguración del Centro Kennedy, dirigida por Gordon Davidson, realizado por Maurice Peress, y la coreografía de Alvin Ailey. La puesta en escena fue realizada con más de 200 participantes. El foso de la orquesta contenía las cuerdas, percusión, un órgano de conciertos, y un órgano de rock; todos los demás instrumentistas-instrumentos de viento, músicos de rock- estaban en el escenario en traje y actuaron como miembros del reparto. El Coro de la Calle se compone de cantantes y bailarines en traje de moda contemporánea, un coro de 60 personas en túnica llenó las bancas del escenario, y un complemento de bailarines vestidos como acólitos asistían al Celebrante.


Durante su trabajo en la Misa, Bernstein consultó con el Padre Dan Berrigan, un sacerdote católico y activista contra la guerra que había estado entre los "10 más buscados" del FBI antes de ser aprehendido y encarcelado. En el verano de 1971, cuando la Misa se acercó a su estreno, el FBI advirtió a la Casa Blanca que el texto en latín de la misa podría contener mensajes codificados contra la guerra y que Bernstein estaba montando una conspiración para "avergonzar al gobierno de los Estados Unidos." El Presidente Nixon fue severamente advertido de no asistir, y brilló por su ausencia en el estreno.

Las respuestas a la premier de la Misa cubrieron todo el espectro. La Iglesia Católica no la aprobó -- algunas ciudades vieron canceladas la presentación bajo la presión de sus iglesias católicas locales -  mientras que otros clérigos prominentes declararon su apoyo a la pieza. Ciertos críticos de música desaprobaron la mezcla de géneros, mientras que otros han encontrado el trabajo como inspirado. En su mayor parte, las audiencias se sintieron profundamente conmovidas, experimentando de primera mano la experiencia de viaje comunitario de la pieza.

Con los años, las ideas y la disidencia encarnadas en la Misa, que fueron vistos tan amenazantes para el sistema político y religioso de los volátiles principios de los años 1970, se han convertido en una parte más aceptada del discurso político y espiritual. El círculo de la Misa se cerró cuando, en 2000, el Papa Juan Pablo II pidió una actuación en el Vaticano. Su mezcla radical de estilos musicales, también, también se ha vuelto menos impactante y más aceptada en el ámbito musical. El tiempo ha puesto de manifiesto la Misa como una pieza visionaria que sigue siendo relevante y mueve a las audiencias a disfrutar de las representaciones en todo el mundo.

Sinopsis


La Misa comienza en la oscuridad con una pre-grabado dodecafónico "Kyrie Eleison" transmitido por más de cuatro altavoces colocados en las esquinas del recinto.

A Simple Song ("Una sencilla canción")

La cacofonía creada por la superposición de las voces y la percusión es súbitamente interrumpida por las simples acordes de una guitarra, y el Celebrante aparece en ropa de calle, cantando con alegría la pura alabanza de Dios: A Simple Song. Un responsorio jazzístico, pregrabado (“Aleluya") completa las Devociones antes de la misa.

El escenario es inundado de repente  por gente de una festiva Gente de la Calle que entra marchando al son de una banda de música para cantar las oraciones introductorias Kyrie Rondo Asperge ("Aspérgeme, Señor") uniéndose  el Celebrante y el coro de niños. Después de un baile, que completan el primer introito con el Dominus Vobiscum (El Señor esté con vosotros) cantado tres veces en un canon tres veces triple Kyrie eléison (Señor, ten piedad) / Christe eléison (Cristo, ten piedad)


Kyrie eléison,Kyrie eléison, Kyrie eléison
Christe eléison, Christe eléison, Christe eléison
Kyrie eléison,Kyrie eléison, Kyrie eléison. 

[N. del T. Este tres veces triple canon se introdujo en la liturgia para que la frase Señor, ten piedad, en griego, fuera elevada tres veces a cada una de las Tres Divinas persona, usando la expresión Christe a la segunda].

El celebrante recita "En el nombre del Padre" y una tercera cinta pregrabada hace oir al Coro formal y al Coro de Niños repetir la invocación In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti ("En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo") mientras hacen su entrada los Acólitos , llevando objetos rituales, y los archivos del Coro y se sientan. Una oración por la Congregación es cantada por el Coro formal por medio de un sereno coral: Almighty Father ("Padre Todopoderoso") seguido de la  instrumental pre-grabada "Epifanía".

El Acto penitencial comienza con un agitado Confiteor ("Yo confieso") cantado por el Coro formal, pero el servicio es interrumpido por el primer tropo I Don’t Know ("Yo no sé"), acompañado de la banda de rock, en el que un cantante callejero cuestiona el valor de la confesión.


I don’t know (No lo sé)

Más cantantes callejeros siguen con otro tropo: Easy (“Fácil"), un blues sobre lo fácil que es para fingir piedad cuando "simplemente no les importa." Los Acólitos adornan al Celebrante con más investiduras  mientras el Coro formal intenta continuar el Confiteor, pero los cantantes callejeros se reafirman.

El Celebrante ofrece la absolución e invita a la congregación a orar; un interludio orquestal (“Meditación Nº 1") ofrece tiempo para la reflexión.


La meditación Nº 1
Un grupo de muchachos se precipita hacia el Celebrante con bongós y canta un exultante Gloria Tibi ("Gloria a ti"), seguido por el coro de Gloria in Excelsis ("Gloria en las alturas"). Los cantantes callejeros responden con un tropo, cuestionando la pertinencia de la Iglesia en medio de tantas almas perdidas.
Half of the People ( "La mitad de la gente").

En el siguiente tropo Thank You, ("Gracias") una soprano canta con nostalgia sobre un tiempo anterior cuando sintió gratitud hacia Dios. Cuando la Gente de la Calle empieza a reafirmar su cinismo, el Celebrante de nuevo los invita a orar, y todos están en silencio durante una meditación instrumental ( "Meditación Nº 2").

En la Epístola, el celebrante lee un pasaje de la Biblia The Word of the Lord (“La Palabra del Señor"), seguido cartas contemporáneas leídas por miembros de la congregación. Juntos, reflexionan sobre la noción de que los poderosos pueden encarcelar a los disidentes, pero que "no pueden encarcelar a la Palabra del Señor." A continuación, en el Sermón sobre el Evangelio God said ( "Dios dijo"), un predicador callejero y la Gente de la Calle parodian el relato de la creación y los seres humanos contemporáneos distorsionan los mandamientos de Dios para justificar sus propias necesidades y deseos egoístas. Se detienen su baile cuando el celebrante vuelve a aparecer, ahora vestido aún más elaboradamente.

En el Credo ("Creo", o Profesión de Fe), una grabación del coro formal que canta una recitación desapasionada, mecánica, del Credo, se ve interrumpida por la Gente de la Calle cantando una serie de tropos que expresan su sentido de que Dios está ausente del mundo y no tiene conocimiento de ellos. Los hombres expresar su cólera que Dios podía elegir el momento de vivir y morir, pero que no tienen otra opción: Non credo ("No creo"); una mujer implora a Jesús que se dé prisa y venga de nuevo como él dijo que iba a hacer: Hurry ("Date prisa"); otra mujer canta que el mundo se está cayendo a pedazos: World Without End ("Un mundo sin fin").


Creo en Dios
Por último, un cantante de rock enojado se da por vencido por un Dios aparentemente ausente y en su lugar, pone su fe en la música (“Creo en Dios"). El Celebrante reanuda el control del servicio pidiéndoles que oren. El coro canta una súplica a Dios en una versión del Salmo 130 (“La meditación Nº 3: De profundis, Parte 1"), como monaguillos  llevan el Celebrante los vasos para la comunión. Para el Ofertorio, el coro formal y el coro de niños completan el salmo ( "De profundis, Parte 2), el canto de la bondad y de la redención de Dios, mientras el celebrante bendice los objetos sagrados de la comunión. Él sale, y el grupo danza alrededor de los objetos sagrados con pasión fetichista.

El celebrante vuelve a entrar revestido de una capa pluvial, y el conjunto retrocede en silencio y hace mutis. Solo, el celebrante recita la Oración del Señor ("Padre nuestro") a capella , seguido por su propia tropo I Go On (“Prosigo”), en el que canta con inquietud sobre la perseverancia en los momentos de dificultad y duda. Dos monaguillos le ayuden en el lavatorio y secado de las manos, y él toca la campanilla del Sanctus (“Santo”). El Coro de niños irrumpe en el escenario cantando un jubiloso Sanctus , al  que se unen el celebrante, el Coro formal y la Gente  de la Calle cantando en Inglés, latín y hebreo.
Santo.

El grupo lo rodea mientras le ofrenda dones imaginarios. A medida que el Celebrante trata de consagrar el pan y el vino para la Eucaristía, la Gente de la calle interrumpe, cantando el Agnus Dei (“Cordero de Dios”) y se quedan pegados en la frase, Dona nobis pacem ( "Danos la paz"). Se hacen cargo del servicio, cantando un rock-blues de protesta en toda regla, exigiendo junto con el Coro y los instrumentistas la paz con creciente violencia. El Celebrante trata de continuar la Eucaristía, pero, finalmente, la anarquía se le hace insoportable; en el clímax de su protesta, lanza los sacramentos al suelo, rompiendo el Cáliz y la Custodia. Hay un silencio de asombro, y todos menos el Celebrante caen petrificados al suelo.

En la extensa aria Things Get Broken (“Las cosas se rompen"), el Celebrante se desmorona por completo, despreciando sus creencias, profanando el altar, y despojándose de sus vestiduras. Le reclama a la congregación su silencio y su incapacidad para actuar sin él, parodiándolos a ellos en esa permanente queja y lamento  de sus tropos. Agotado y amargado, renuncia a su cargo sagrado y se va.

Después de un silencio sostenido, una flauta quejumbrosa se escucha, seguido por el sonido puro e inocente de un niño soprano, entonando la anterior A Simple Song (Una sencilla canción) del comienzo: Pax: Comunion (Secreta). Uno por uno, los miembros de la congregación descubren un renovado sentido de la fe y se unen a la canción del niño, abrazándose entre sí. Poco a poco, la Gente de la Calle, el Coro formal, los instrumentistas y todos se unen y se dan la paz entre ellos y a todo el ensemble. Por último, el Celebrante reaparece, vestido en ropa de calle, como al principio, y se une al niño en un canon, recordando la alegría simple de unirse en la alabanza. Toda la compañía vuelve a interpretar el exuberante coral Almighty Father ("Padre Todopoderoso") pidiendo la bendición de Dios, mientras el Coro de niño da la paz a la audiencia. Después de todas las disonancias, el coral termina con un unísono Amen y la misa concluye con la frase, que se oye en los altavoces: 

-"La misa ha terminado. Podéis ir en paz."



domingo, 10 de enero de 2016

EL SIGLO ANTONIO ESTÉVEZ


                                         ANA MARÍA HERNÁNDEZ G (*) 






Fotografía de Estévez tomada por Carlos Cruz-Diez en 1968



El 3 de enero de 2016 amaneció con la celebración del centenario del compositor calaboceño Antonio Estévez.

Y si su obra más conocida es la Cantata Criolla, Estévez tiene otros méritos de gran envergadura, desde una importante obra pianística y coral, hasta la fundación de una de las instituciones patrimoniales del país, como el Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela.

El libro Sonido que es imagen (1996) lo define como "el músico más profundo y emotivo de la generación de compositores nacionalistas", y agrega que en 1926 ingresó a una banda fundada en el estado Guárico, como ejecutante del genis (suerte de trompeta).

Para examen

La pianista venezolana Clara Rodríguez, quien reside en el Reino Unido, comenta con orgullo que la Canción de cuna para dormir una muñeca de Estévez fue escogida para el período 2015-2016 como pieza para los exámenes de grado de la Associated Board of the Royal Schools of Music: "Al final del lapso, la obra va a haber sido tocada por cerca de 40 mil pianistas alrededor del mundo".

Sobre las obras del maestro señala que "cada una de sus piezas tiene su propia personalidad. En contraste con su conocido carácter recio y su poco diplomática libertad de expresión, su música tiene una profunda poesía, momentos de absoluta ternura y de delicada filigrana".

Incluso, Rodríguez destaca la pasión que Estévez le imprimió a su trabajo: "Hay un amor profundo por su tierra representado en sus obras que incluye la Suite llanera, y por supuesto en la emblemática Cantata Criolla, la cual es para nosotros el equivalente al Mesías de Handel para los ingleses. Nos emocionamos al oirla, se nos pone la carne de gallina desde la primera nota".

De la literatura musical del maestro, Rodríguez grabará este año sus 17 canciones infantiles, y la pianista recuerda que cuando Estévez se las escuchó en una ocasión, en el Museo del Teclado, dijo: "Clara Rodríguez es una poeta del piano. Si yo fuera pianista, me gustaría tocarlas como ella lo hace".

Las notas del Orfeón UCV

El Orfeón de la UCV rendirá su homenaje a Estévez, según informó la coordinadora de la agrupación, Diana Herrera.

"Nuestro director, profesor Raúl López Moreno, está diseñando y preparando un concierto dedicado exclusivamente a la obra coral del maestro Estévez, en el marco de las diferentes actividades que estará desarrollando la Universidad Central, a través de la Escuela de Artes, la Dirección de Cultura y el Rectorado", señaló, y agregó que también "tenemos la intención de llevar parte de este trabajo a la población de Calabozo", y "estaremos inmersos en la interpretación de la Cantata Criolla como parte de la masa coral protagonista de este montaje que seguramente propondrán los diferentes actores de la vida sinfónica musical de Venezuela".

Icono del nacionalismo

Para el pianista y musicólogo Juan Francisco Sans, hay una analogía entre Juan Rulfo y Antonio Estévez, en el sentido de que "al escritor mexicano le bastaron apenas dos novelas -El llano en llamas (1953) y Pedro Páramo (1955)- para ser reconocido como uno de los grandes escritores latinoamericanos del siglo XX. Otro tanto ocurrió en el caso de Estévez: su Cantata Criolla se convirtió desde su estreno en 1954 en el icono del nacionalismo musical venezolano".

Discípulo de Vicente Emilio Sojo, Estévez también fue instrumentista, y luego de haber sido intérprete del genis, estudió oboe y clarinete; perteneció a la Banda Marcial Caracas dirigida por Pedro Elías Gutiérrez (autor del Alma llanera) e integrante de la Orquesta Sinfónica de Venezuela. Como creador, su obra cabalga entre el nacionalismo y la estética contemporánea.

Sobre ello, Sans dice que en la producción de Estévez "encontramos retratado el enorme dilema de quienes estuvieron adscritos inicialmente al nacionalismo musical venezolano y procuraron luego un cambio de estética: una lucha interior entre las tendencias más conservadoras y el experimentalismo; entre tradición y vanguardia, entre lo nuevo y lo ya estatuido, entre el deber de 'hacer patria' con la música y la necesidad de encontrar un camino propio e individual".

Pero sobre todo resalta el musicólogo a un rasgo único en el autor llanero: "Se aventuró en mares por los que ninguno de sus contemporáneos se atrevió a navegar. Me refiero particularmente a la música electrónica y a la integración de las artes con Carlos Raúl Villanueva y Jesús Soto".

De hecho, fue el propio Antonio Estévez quien fundó en 1971 el Instituto de Fonología Musical, y lo dirigió hasta 1979.

No obstante, Sans resalta que luego de esa incursión por la electrónica, calificado como "salto acrobático en su estilo", Estévez retornó a lo anterior.

"Lo cierto es que nunca se halló cómodo con la música electrónica, lo cual se hace evidente en la propia música que hizo para este medio, y esa etapa no dejó de ser algo meramente anecdótico en su vida", dice.

Por fortuna, ese material sonoro -a pesar de haber sido desdeñado por el propio autor- se ha rescatado.

Lo hizo "Daniel Atilano, en un magnífico trabajo interactivo que espero se edite algún día. En su música postrera, Estévez regresó a su estilo previo, asimilando no obstante lo aprendido en esta experiencia".

Esperemos en estos meses los programas que sobre Antonio Estévez, ofrezcan las orquestas y los músicos venezolanos.


(*) Publicada originalmente el domingo 10 de enero de 2016 en El Universal.

Sobre el compositor, invitamos a leer: "Antonio Estévez...¡tan lejos y tan cerca!" 

viernes, 18 de septiembre de 2015

¿ESPAÑOL O CASTELLANO?



a) Para designar la lengua común de España y de las Repúblicas hispanoamericanas pueden emplearse los nombres de castellano y español. En muchas regiones se usan indistintamente las dos palabras. Sin embargo, en América y en algunas zonas de España se prefiere la denominación de castellano. Esto se debe, ante todo, a una larga tradición que estuvo apoyada hasta 1925 por la propia Academia Española (pero no olvidemos que el primer diccionario de nuestro idioma, el de Sebastián de Covarrubias, 1611, se titula Tesoro de la lengua castellana o española). En América se ha unido a ello tal vez un resto de recelo patriótico frente al nombre español, considerando acaso como una manera de sumisión a España, la antigua metrópoli, el reconocimiento explícito de que se sigue hablando su lengua. En las regiones de España con lengua materna propia, el nombre de castellano parece más adecuado que el de español, porque el catalán, el gallego y el vascuence son también lenguas españolas (aunque no son la lengua españolael español).







b) Los hispanoamericanos deben recordar que los norteamericanos no se consideran “colonizados” por Inglaterra por decir que ellos hablan inglés. Los españoles deben recordar el uso universal: en cada país, normalmente, la lengua oficial, sea cual fuere la región del país en la que se haya nacido, ha tomado el nombre de toda la nación: en Rumanía, el rumano; en Alemania, el alemán; en Italia, el italiano; en Francia, el francés... En estos países existen (como en España) idiomas importantes que no son la lengua común o general.






c)  El empleo del nombre castellano implica una inexactitud: la de suponer que la lengua general o común, no ya de toda España, sino de todas las naciones hispanoamericanas, es patrimonio de una sola región, Castilla. Y esto es falso, pues la lengua castellana hoy no es propiedad de Castilla, sino de todas las regiones y naciones en que es hablada, las cuales, además de tenerla como suya, colaboran todas en su conservación y enriquecimiento. Lo exacto sería emplear el nombre castellano solamente para designar la lengua que durante la Edad Media fue privativa del reino de Castilla, o las modalidades particulares que presenta el habla de Castilla en los tiempos modernos frente al español general al lado de las otras lenguas españolas (catalán, etc.).



d) En conclusión, y volviendo a lo expuesto en el párrafo a): Las dos denominaciones, castellano y español son válidas. La preferencia de cada hablante por uno de los dos términos se funda en una tradición arraigada de siglos, y es ingenuo pretender desalojar del uso cualquiera de ellos. Cada persona puede emplear el que guste; pero debe respetar el derecho a que otros prefieran el otro. En todo caso, téngase en cuenta que, en general, la denominación de español es más exacta que la de castellano
[Manuel Seco: Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española. Madrid: Espasa Calpe, 1998, p. 202]



sábado, 29 de agosto de 2015

ESE FRACASO QUE ES LA POESÍA

                                                                                     Rafael Cadenas










                                                                                                                 
La poesía no tiene residencia fija. Suele invadir los demás géneros y casi no hay gran libro donde no esté presente. Hasta puede afirmarse que en última instancia no hay literatura, sino poesía. Su carácter envolvente, ubicuo, usurpador hace pensar que ella no es género sino más bien una presencia detrás de los géneros, una presencia tan insinuante que muchas veces prefiere vestidos que no son los suyos, una presencia que se sirve de todas las actividades creadoras del hombre; como un poder previo a cualquier clasificación. Posiblemente sea una manera que tiene lo esencial de manifestarse en él. En este sentido, durará lo que dure el hombre.
Como género, la situación es distinta. En todas partes sus lectores forman una minoría señaladamente excéntrica. Tienden a convertirse en una secta de tipo esotérico, no porque la poesía se haya llenado de secreto —quizá lo ha perdido un poco, más bien— sino por el enorme olvido de las cosas verdaderamente importantes que afecta al hombre actual. Los tres mil o más millones de habitantes* del planeta están dedicados a destruirse de manera eficiente en todas las formas imaginables, con suavidad o violencia, por ignorancia o por mucho saber, incesantemente. El mundo entero rinde tributo a la destrucción, bajo el pretexto de desarrollo, y no sólo la poesía sino también la música, la pintura, la filosofía están amenazadas. Toda la cultura y el hombre mismo pueden desaparecer si en su espíritu no ocurre un cambio de fondo.
Confieso que me preocupa más la poesía como dimensión que como forma específica y la mengua de ambas creo que va unida a la crisis del hombre y hasta puede ser una de sus medidas más seguras. Es evidente que el mundo se aleja cada vez más de la poesía y parece dirigirse a la creación de sociedades de seres desindividualizados, si bien prósperos, a quienes una máquina inmensa les decide lo que deben vestir, comer, leer. En la caída del hombre figura la poesía junto con otras pérdidas no menos importantes, pues la necesita para informar sobre su naufragio, o mejor aún, para apuntar a un rescate. Aunque a veces uno piensa en la inutilidad de la literatura, al ver como la palabra de los grandes creadores se pierden.
¿Qué han hecho los hombres, qué hemos hecho, con el legado de Whitman, Rilke, Lawrence y algunos otros? No son muchos, pero bastaban para producir una explosión en los espíritus y ¿fueron oídos en realidad? ¿Se les leyó verdaderamente? Están ahí como voces tremendamente solas y lo que dijeron fue tomado como literatura, convertido en objeto de estudio para lucimiento de intelectuales, desarmado por nuestra grave inmunidad. Pero de ellos lo realmente importante era, y es, el resplandor perdido en la literatura.
¡Cómo volvemos inane, domesticamos, alejamos todo lo que implique exigencia de nueva visión! Cuando no oímos directamente lo que una obra quiere decirnos establecemos una distancia entre ellas y nosotros. La colocamos allá y nosotros nos quedamos aquí, sin darnos por aludidos. La obra se dirige a nuestro ser, pero nosotros decidimos que sólo le habla a nuestro cerebro, y en el pozo de nuestras ideas, la ahogamos. Sin embargo, aquellos creadores escribieron para los hombres, para comunicarles lo que habían descubierto o se les había revelado, creyendo que serían oídos.
Me parece que los poetas pueden hacer algo por vincular al hombre con todo lo que su olvido ha relegado, por quitarlo de la distracción en que vive, por plantearle las preguntas decisivas, por darle seriedad a las palabras, por apuntar hacia un vivir auténtico. Se trata de una operación de rescate, mas para contribuir con ella los poetas tienen que haberle dado la espalda a la locura que envuelve al hombre, tienen que hablarle desde una ruptura, tienen que haberse liberado ellos mismos. Si no, serían parte de la enfermedad y lo que dijeran tendría un valor incompleto.
Tampoco la poesía será asimilada por las demás formas, pues vive en una zona del ser que necesita como su medio propio de expresión, una zona para la cual seguramente la prosa resulta inadecuada, no porque sea inferior —el problema es más de naturaleza que de calidad— sino por no prestarse bien para transmitir una energía muy elemental, muy pura, muy libre, que no puede adaptarse a nada y que al buscar voz produce ese fracaso que es la poesía. Pues ella es siempre una inscripción deficiente de algo que nunca llega a expresarse, una a veces espléndida derrota, que puede dejar palabras principales, pero nunca entregar en su estado puro aquello que estaba en su base.
Así como casi no se lee poesía, tampoco se vende. Su espacio en el hombre, aquel donde éste crece, ha sido tomado significativamente por poderes hostiles a la poesía. Dice mucho que las fuerzas de la destrucción del individuo sean siempre tan incurablemente antipoéticas. Exudan vulgaridad, cualquiera sea su máscara.
La narrativa, en cambio, tiene un éxito relativo (el boom es un estallido localizado) tal vez por reflejar más los problemas sociales que son muchos, graves e ineludibles, pero no esenciales. La misma gravitación que tienen los vuelve absolutos, trastocando así la perspectiva en el público y en el escritor: lo que es urgente se confunde con lo que es fundamental, y sobre una base real y falsa al mismo tiempo el espíritu fabrica su olvido. Nadie duda que deben ser encarados, pero su solución agrava, afortunadamente, el problema del individuo al descargarlo de un lastre circunstancial y situarlo frente a sí mismo, cerca de la poesía, en la zona de la realidad. Pues el problema del hombre es él mismo, a solas, en su más grande relación.


Publicado en PRODAVINCI el 25 de agosto de 2015

jueves, 16 de julio de 2015

UN CRUCIGRAMA VERDADERAMENTE DIFÍCIL

O EL HUMOR DE "LA PAVA MACHA"



En 1962, en la imprenta del diario Clarín, ubicada en la esquina de Caja de Agua, Parroquia Altagracia, Edificio Vanguardia, se fundó uno de los mejores periódicos humorísticos de Venezuela. Dirigido por Kotepa Delgado y con un equipo integrado por Aquiles Nazoa, Aníbal Nazoa, Claudio Cedeño, Luis Alfredo López Méndez y otros, La Pava Macha continuó la tradición que se iniciaria con Fantoches y El Morrocoy Azul
Bajo el lema de "El Semanario que dispara primero y averigua después", aludiendo a una frase del Presidente Rómulo Betancourt, salió a la palestra en aquellos enfebrecidos y difíciles años de comienzo de la democracia. Uno de los trabajos que han permanecido en mi memoria de "descenso libre cedular", como me dijo recientemente un amigo, es el Crucigrama que publicamos a continuación. Aunque no llevaba firma, hay el consenso general de que su autor fue Aníbal Nazoa. Su hermano Aquiles lo publicó en su antología Los Humoristas de Caracas, editado por MonteAvila.







Hace poco, una linda damita de la sociedad caraqueña, entrevistada por un reportero de "sociales", se quejaba de que los crucigramas que publican los diarios y revistas del país no distraen nada. Explicaba la gentil crucigramista que el crucigrama criollo es demasiado fácil, y por lo tanto se saca muy rápidamente, dejando así de cumplir su función esencial de matar el tiempo.

Nosotros, siempre dispuestos a proporcionar entretenimientos sanos a las damitas de la sociedad caraqueña, ofrecemos a continuación un crucigrama lo bastante difícil para satisfacer el gusto más exigente. Si esa señorita no logra matar una buena cantidad de tiempo con él es porque, francamente, en vez de estar sacando crucigramas, debería estar trabajando por lo menos como Directora de la UNESCO.