sábado, 19 de abril de 2014

JUDAS QUEMADO EN CAGUA

Cuando entró apagando velas
el viento en la procesión
y la torre echó a volar
sus campanas de latón,
tres repicando aleluya
y dos a resurrección.
Cuando el domingo aragüeño
de muchachas floreció
y el sol como colcha de arpa
puso a la plaza mayor
cien cohetes levantaron
sus palmas de relumbrón
y todo fue gente y gritos:
"¡Ahí viene la Comisión!"
Jinetes de punta en blanco,
al ojo el sombrero alón,
espumantes los caballos
y en el pecho todo el sol
despejando van las calles
formados de dos en dos.
Delante, Benito Melo
va en un caballo marrón
crujiente en su liqui-liqui
deslumbrante de almidón
y en la cara la sonrisa
como una flor de balcón.
Y atrás, ente las dos filas,
en un burrito trotón
con el frente hacia la cola,
con el cuerpo hecho un montón
con los pies escobillando
un forzado galerón
va el pobre Judas de Cagua
siguiendo a la Comisión.
Pantalón de cotonía
zapatos sin dirección
casaca federalista
basura por corazón,
va el pobre Judas del pueblo,
lo agarró la Comisión
y el pueblo encendido en gritos
lo sigue como un hachón.
Ya baja Benito Melo
de su caballo marrón,
ya un olor de kerosene 
se mezcla con el del ron
Ya flores de las muchachas
recibe la comisión
ya sin jinete se llevan
al borriquito trotón
Y cuando al aire se elevan 
las faldas del casacón,
y los pies cambian en valse
su forzado galerón
Judas al pueblo  le dice
lo que va a continuación:
"Vine al mundo en Barrio Loco
pero me crié en Barrancón,
y andé p'a arriba y p'a abajo
como mano de pilón,
ya grande, pasé a Turmero,
donde empezó la cuestión,
pues allá en la jefatura
me encerraron por ladrón
y en un descuido del guardia
me fugué por un balcón
yendo a dar en una iglesia
donde en aquella ocasión
como era Semana Santa
celebraban la Pasión.
Caifás y Poncio Pilato,
los jefes de la región,
andaban buscando a Cristo,
no sé por qué acusación
y como ofrecieran plata
por el que diera razón
yo quise salir de abajo
con aquel santo varón,
y de Cristo me hice amigo
p'a luego hacerle traición,
le dí un beso en la mejilla,
le ofrecí veneración,
y en lo que todos dormían
le avisé a la comisión.
Vinieron tres comisiones,
le pegaron un cordón
y al mismo tiempo brincaron 
con mi gratificación.
Y con lo treinta denarios 
que cobré por mi traición 
jugué bolas, me eché palos 
y me compré un pantalón. 
Pero al caer de la tarde 
vino la crucifixión 
y del Cristo moribundo 
yo vi la triste expresión 
y no pude con la pena 
que me embargó el corazón 
y me dije: "¡concha, Judas, 
tú no mereces perdón!" 
Entonces llamé a Benito 
y le dije: "valezón, 
mande a comprar kerosene 
y conviértame en carbón 
para que el pueblo de Cagua 
se remire en mi lección 
y no venda a los amigos 
ni que le den un millón"
Y mientras el pobre Judas 
daba esta peroración 
repicaban aleluyas 
las campanas de latón 
y las chicharras del campo 
cantaban resurrección.

                                                                      Aquiles Nazoa

                                                                        (Caracas, 1920-1976)

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