sábado, 28 de diciembre de 2013

¿POR QUÉ 8 1/2 ES EL MEJOR FILM DE LA HISTORIA?

                                                                       ALIRIO PÉREZ LO PRESTI 

                                                                  Dedicado a Sandra Cuesta y a Franklin Padilla


El siguiente artículo de Alirio Pérez Lo Presti fue publicado hoy en el diario El Universal. Inexplicablemente el título, que es el nombre de la película, apareció incompleto, por no decir mutilado o salvajemente amputado. "Otto e mezzo" u "Ocho y medio" es la película que Federico Fellini estrenó con ese nombre por considerar que ocupaba ese número en su filmografía, ya que había realizado ocho películas mas el fragmento de "Bocaccio 70" que en 1962 dirigió conjuntamente con Mario Monicelli, Luchino Visconti y Vittorio de Sica, lo que en rigor le habría correspondido el título de "8 1/4", pues era la cuarta parte de un film. Pero así lo tituló y así pasó a la posteridad, cargado, entre otras retribuciones, con el Premio del Festival de Moscú y el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1963. ¿Error de imprenta? ¿Gazapo? ¿Nos querían tomar por inocentes en este día?  Lo dejamos a juicio del lector. En todo caso, independientemente de la gratitud  al autor de este artículo por la dedicatoria, lo publicamos con el verdadero título como modesto desagravio a Federico Fellini.





En 2013 se  cumplen los 50 años de aparición de lo que a mi juicio es la mejor película de todos los tiempos. Se trata del excepcional   filme italiano, dirigido por el más grande de los directores de cine, Federico Fellini y protagonizada por Marcello Mastroianni, Claudia Cardinale y Anouk Aimée, entre otros. Fue filmada en blanco y negro y su banda sonora fue compuesta por Nino Rota apareciendo en las salas cinematográficas en 1963.

Hay una frase del escritor francés Marcel Proust que siempre me reconforta: "Cada lector, cuando lee, es el propio lector de sí mismo".

Esta frase, inherente al ámbito literario, puede ser extrapolada al mundo del cine, como a cualquier disciplina o actividad de carácter artístico. El hombre con capacidad creativa tiene el poder de hacer que sus preocupaciones, obsesiones, fantasmas, temores e intereses sean potencialmente "contagiosos". Es decir, que el gran creador parte del concepto de que su mundo personal (por antonomasia es "personalísimo") es del común interés de un conglomerado que se ha de interesar en compartirlo.

Esta premisa, aparentemente sencilla tiene una gran complicación. Tal vez la vida de cualquier persona o sus gustos o sus intereses nos puedan parecer atractivos, mas el artista es artista precisamente porque tiene el don de transmitir de manera especial lo que otros pudieran ya tener en mente. Me explico: El artista es el artífice del "cómo" y su genialidad está precisamente en "la forma" de transmitir las ideas.

Expresado de otra manera, cuando se conjugan a través del artista la idea (el contenido) con gran capacidad de expresarlo (la forma) surge precisamente el milagro de la creación de la obra de arte.








¿Por qué es 8 1/2  la mejor película jamás realizada?

Porque Fellini logra hacer que sus intereses personalísimos se inmortalicen. De ese tamaño es el desafío que encontramos en un Da Vinci en la pintura o un Cervantes en la novela o un Mozart en la música. El gran artista tiene el don de universalizar sus intereses personales, a través de una manera de presentarlos que nos deslumbran y nos seducen.

¿Qué ocurre con  8 1/2  ?

Uno: La historia trata de un artista (hombre admirado) a quien se le acabaron las ideas para seguir creando. "Guido" (el nombre del protagonista) es un director cinematográfico a quien no se le ocurre una nueva película. El tema con el cual comienza Fellini a mostrarnos a su personaje principal, es inherente a la tradición humana de todos los tiempos. ¿Quién en su sano juicio no ha tenido un bajón emocional que le impide seguir llevando su vida como naturalmente solía conducirla? ¿Cómo no identificarnos con el sujeto que después de cuarenta años de vida atraviesa una seria crisis personal? Además, por ser un personaje público, la presión es aún mayor y la capacidad resolutiva lo ubica al nivel de cualquier hombre.

Dos: Pareciera que "Guido" se parece, o tiene relación o se nos ocurre que en realidad es el mismo Fellini, quien nos presenta algún período de su propia vida. ¿Acaso el hecho de que lo vinculemos con lo real es lo que lo hace mejor? ¿Es un gran film por ser autobiográfico? Nada de eso. Es creíble y nada puede ser tan fascinante como aquello que parezca creíble porque lo que le ocurre a Guido, al  parecerse a lo real, puede pasarle a cualquiera. O sea, que la debacle moral e intelectual de un individuo hace que sea más cercano a cada uno de nosotros. Lo hace necesariamente más humano y eso permite que nuestras más sensibles fibras se distiendan e inevitablemente nos emocionemos.

Tres: Los vínculos familiares. Fellini expone un derroche de elementos vinculados con la familia tradicional. La madre, el padre y el mismo Guido cuando niño y todos los elementos que exaltan a la familia y la eterna huella que lo familiar deja tatuado en el ser humano, sean por presencia, ausencia, pobreza o riqueza afectiva. La familia marca nuestra vida hasta el día en que dejemos de respirar. De hecho, es poco probable que se pueda hacer una buena película en que el tema de la familia no esté presente. En 8 1/2   no sólo está presente la familia y sus elementos sino la deslumbrante infancia. Comienzo y fin de la película.

Cuatro: Fellini usa en forma deslumbrante de lo que pudiésemos llamar los símbolos más representativos de la civilización occidental. Desde la manifestación onírica clásica que recrea el psicoanálisis, con sueños universales, hasta elementos claramente junguianos, con los cuales Fellini  impresiona. Personajes como la histérica, el Don Juan, la amante, la mujer demasiado bella,  el intelectual, la loca, desbordan al espectador y lo llevan a un plano de fascinación sin comparación.

Cinco: Los amores y los desamores hacen que en una histórica escena sin parangón aparezca Guido en la misma habitación con todas las mujeres de su vida. La solución simbólica nietzscheana está vinculada con el látigo, con el cual el personaje principal logra controlar un verdadero motín de las mujeres que ha conocido desde el día en que nació. Desde su madre hasta su actual amante y por supuesto la loca del pueblo con la cual descubrió el mundo del sexo, en contraposición con la inmaculada y "sufrida esposa" Luisa. Símbolo con el cual se obtiene la estabilidad masculina y el orden.

Seis: La estética de 8 1/2   no sólo es novedosa y obsesivamente perfecta, sino que el trabajo de filigrana con el cual se obtuvo cada recuadro de la película nos llena de asombro y goce. Cada ángulo, cada actuación, cada toma, cada infinitesimal  detalle revisado hasta el infinito, es modelo para cualquier persona que quiere ver una película estéticamente intachable.

Siete: la gran solución y el gran final de la película. La eterna disyuntiva humana que es y ha sido, la lucha entre la razón y los instintos. Como si ya no fuese suficiente con habernos deleitado con  más de dos horas del mejor cine que se ha hecho, el insólito final-moraleja-enseñanza, hace que 8 sea una película para ser vista una y otra vez. Fellini (genio) crea dos finales: A) El del hombre que no soporta la presión de la vida y termina autodestruyéndose, y B) La otra cara de la moneda, la del hombre que sabe que la vida es una fiesta y los seres que nos rodean merecen nuestro cuidado, respeto y absoluta devoción.
Fellini y Marcelo Mastroianni


Creo que básicamente estos siete elementos conforman el corazón de una película que idolatro y considero la mejor que se ha realizado, hasta el punto de haber influenciado  gran parte de la buena filmografía desde 1963 hasta hoy.

Por último, aparece Guido dirigiendo el final de la película (su vida), con la presencia de una multitud de personajes que conforman su mundo personal. De los seres que nos cortejan en nuestro tránsito por la existencia, de quienes debemos agradecer su acompañamiento en esta vida y en este mundo que se nos antojan irrepetibles.

@perezlopresti


jueves, 26 de diciembre de 2013

PASTILLAS PARA EL DOLOR DE VIDA


                                                                                       MARÍA R. SAHUQUILLO (*)





Laura Crespo tomó antidepresivos durante más de seis meses. Su médico de cabecera se los recetó cuando le diagnosticaron cáncer a su madre.

"En su momento la medicación me ayudó. No levantaba cabeza, estaba tristísima y necesitaba sobreponerme rápido para poder asumir con ella el tratamiento; para poderla acompañar y sostener", cuenta. No hizo otra terapia. "La verdad es que prefería el tratamiento con fármacos", reconoce.

Carlos R. acudió al centro de salud porque estaba triste y desganado. "Estaba deprimido...", resume. "Me recetaron antidepresivos, pero después, por mi cuenta, decidí ir al psicólogo. Creo que eso fue lo que más me ayudó, aunque estuve combinando ambas cosas hasta que dejé progresivamente la medicación", relata. En su caso fueron problemas laborales y familiares los que le provocaron el sufrimiento. "Sigo yendo al psicólogo, aunque hemos espaciado las visitas", dice.

La extensión del diagnóstico de lo que se considera una depresión, la medicalización del sufrimiento más cotidiano y la indicación de fármacos antidepresivos como la fluoxetina para otras patologías (como para algunos trastornos endocrinos o para la fibromialgia), son algunas de las razones con las que los expertos explican el incremento del uso de estos químicos en toda Europa. Pero mientras su consumo no decae, la utilidad y la efectividad de estos medicamentos para combatir las depresiones leves y moderadas están en cuestión.

El País, junto con otros cinco grandes diarios que comparten el proyecto Europa ­The Guardian, Le Monde, La Stampa, Gazeta Wyborcza, Süddeutsche Zeitung­, han preguntado durante varias semanas a los lectores si han prescrito (a los sanitarios) o tomado antidepresivos, y si han funcionado. Más de 4.000 personas de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España han aportado sus experiencias a través de un cuestionario online. La mayoría de ellos aseguran que los fármacos les han ayudado, aunque particularmente aquellos que los han acompañado de otro tipo de terapias.

En los últimos años varias investigaciones científicas han analizado la efectividad o el beneficio de los antidepresivos para combatir los síntomas leves o moderados de la depresión ­para los severos no está en cuestión­. Las conclusiones han sido similares en todos ellos: por sí solos su eficacia es muy limitada. Así lo determinó, por ejemplo, un amplio estudio realizado en 2008 por investigadores británicos sobre tres de los principios activos que, aunque ya no lo son, eran los más vendidos en ese momento: fluoxetina (el popular Prozac, que durante años se denominó "la píldora de la felicidad"), venlafaxina (Efexor) y paroxetina (Serotax, conocida también como "píldora de la timidez"). El análisis, publicado en la revista Plos Medical, determinó que para aquellos pacientes que no tenían síntomas graves, los antidepresivos eran igual de útiles que una pastillita de azúcar; es decir, un placebo.

"Hay un consumo indicado por los médicos, y reclamado por el paciente, para problemas relacionados con el sufrimiento y el dolor. Para afrontar un duelo, para paliar el malestar tras una ruptura amorosa, también para los problemas laborales", apunta Eudoxia Gay, presidente de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. Los médicos, reconoce, los prescriben para afrontar estas realidades y también para los síntomas leves y moderados. Y estos fármacos, precisan desde el laboratorio Lilly ­fabricante de algunos de ellos­, están indicados para el trastorno depresivo mayor.

"Para ello sí son útiles. Pero, aunque hay que revisar caso a caso, para paliar el sufrimiento cotidiano, al igual que para los cuadros menores de ansiedad, son más eficaces otras terapias que mejoran y no cronifican el sufrimiento humano que tan mal se tolera hoy y al que se responde farmacologizándolo", sigue Gay.

No saber sufrir.
El psiquiatra Alberto Ortiz Lobo cree que bajo la etiqueta de "depresión" se están patologizando emociones normales. Asegura que en los años noventa la industria farmacéutica y
algunas sociedades médicas hicieron programas específicos y campañas de difusión para ayudar a detectar la depresión. "Desde entonces ha sido un no parar, porque se han ampliado los límites. Ahora tras ese constructo, bajo ese paraguas de la depresión, se mete cualquier sintomatología de tristeza o desánimo que se pueda tener, aunque sea sana, legítima y proporcionada", asegura.

Tanto la detección actual de la depresión como la prescripción de antidepresivos, apunta, son parámetros que están lejos de las cifras de prevalencia de esta patología en la población general de los estudios epidemiológicos clásicos.

José Antonio Sacristán, director médico de Lilly España, señala otros factores que podrían haber contribuido al aumento del uso de estos fármacos.

"Primero, que los actuales son más seguros y mejor tolerados que los primeros antidepresivos", explica. Segundo, asevera, "que se ha demostrado su eficacia y han sido aprobados por las agencias reguladoras para el tratamiento de otras patologías mentales como los trastornos de ansiedad".

En otros países, con algunas tímidas excepciones, como Holanda, la situación es similar. En Alemania, Bélgica o Reino Unido el consumo de medicamentos indicados para este problema ha aumentado tanto como en España. "Se suelen prescribir estos fármacos con mucha facilidad. Y muchas veces los pacientes piensan que si están medicándose y no les funciona es porque necesitan algo más fuerte, no porque quizá no estén deprimidos", remarca Alain Vallée, psiquiatra en Nantes y uno de los más de cien profesionales sanitarios que contestó a la encuesta puesta en marcha por los seis diarios europeos. La mayoría de ellos, como recoge The Guardian ­que ha verificado y ha hecho un tratamiento a fondo de los datos­, sostiene que en gran parte de Europa hay una amplia "cultura de la prescripción". Subrayan que los antidepresivos son un buen recurso, y necesario, para tratar la depresión severa, pero también hablan de su frustración para abordar los casos leves o moderados debido a los escasos procedimientos, tanto de tiempo como de disponibilidad de otras terapias.

"Aunque en algunos casos pueden ayudar a superar una situación puntual, los fármacos no van a dar solución a las depresiones o problemas cuyo origen es social o psicológico. Son fármacos, además, que aunque se han perfeccionado mucho, tienen efectos adversos y su tratamiento no se puede discontinuar así como así", aclara Carlos Mur, director científico de la Estrategia Nacional de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Este experto, que además es gerente de un instituto psiquiátrico de Leganés (Madrid), afirma que cada vez son más los médicos de atención primaria que derivan a los servicios de salud mental ­aunque la gran mayoría ya llevan pautado el tratamiento farmacológico­ y que recomiendan otras terapias que pueden ayudar a superar el problema o a lograr mayor bienestar. "Está ganando terreno la psicoterapia y opciones como el yoga o el mindfullness", declara.

A Adrián, funcionario de 43 años de edad, el médico le recomendó varios libros, y a Lucía, de 17 años de edad, la remitieron a la consulta de salud mental de su ambulatorio. "Allí, la psicóloga me dijo que viera varias películas, todas protagonizadas por mujeres; la idea era que tomase referentes", narra.

El psicólogo Antoni Bolinches, que ha escrito varios libros de autoayuda como Tú y yo somos seis o Peter Pan puede crecer, expone que en las depresiones leves o moderadas los fármacos tratan los síntomas, pero no la causa. Por eso, a veces, cuando el tratamiento acaba el problema sigue ahí. "Las depresiones exógenas o reactivas, es decir aquellas que vienen de fuera, de algo que te está afectando o que te ha sucedido, deberían tratarse sobre todo, o también, psicológicamente. Porque si el paciente aprende a llevar bien el problema obtiene el doble de beneficio: lo supera, pero además aprende". Sin embargo, reconoce que hay personas que prefieren tomar medicación.

"Hemos creado un modelo social en el que no estamos acostumbrados al esfuerzo y a las dificultades, por eso recurrimos a la farmacología", expresa.

El psiquiatra Ortiz Lobo explica que los fármacos para tratar la depresión inducen ciertos estados psicológicos. "Suelen producir un distanciamiento emocional, para bien o para mal, de lo que está pasando.

Si estoy tristísimo eso me viene bien, pero ya no vivo tan intensamente. Eso, por ejemplo, provoca una pérdida de deseo sexual o una lejanía de otras cosas".

(*) Publicado originalmente por / EL PAÍS SERVICIO EXCLUSIVO DE EL NACIONAL 
2 de diciembre 2013 - 08:41 am





domingo, 15 de diciembre de 2013

EL PRINCIPITO Y SAINT-EXUPÉRY



                                        Alirio Pérez Lo Presti (*)










En 2013 se cumplen los 70 años de la aparición de lo que muchos han considerado una de las grandes obras maestras de la literatura de todos los tiempos. Son innumerables los juicios y opiniones en
relación a la obra literaria "El principito". Se trata de un texto muy conocido, cuyas repercusiones histórico-literarias tal vez apenas están comenzando. He leído análisis y críticas sobre esta obra, que van desde el apego y cariño de quien lo ha leído desde la infancia hasta el repudio y rechazo más furioso, a través de la perspectiva  política e incluso filosófica.

Con más de 150 millones de copias (las reproducciones ilegales hacen que la cifra sea imposible de precisar), mucho más de un millón de libros vendidos por año y traducido  a más de doscientos cincuenta idiomas y dialectos, incluyendo al sistema de lectura braille, Le Petit Prince (El principito) es quizá uno de los libros más influyentes de la civilización, que sigue sumando lectores conforme pasa el tiempo.

Considero que es de una hondura abismal, donde el amor, la amistad, el engaño, la infidelidad, la idea de trascender, la experiencia del viaje y la permanente presencia de la muerte conmueven a muchos al punto de convertir este texto en un icono de culto. Que lo sigan leyendo lectores de todas las edades y durante siete décadas consecutivas haya estado presente entre nosotros, nos induce a volverlo a leer con la mirada renovada del ser que va cambiando inexorablemente conforme va pasando el tiempo.

Como cualquiera, tengo mis percepciones sobre este libro.











Una de las cosas que más me llama la atención es el manejo de las metáforas y las paradojas, ambos recursos literarios inexorablemente vinculados con formas de pensamiento muy complejo.

Las metáforas consisten en la aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación y facilitar su comprensión. Por ejemplo: "la primavera de la vida" (DRAE).

Las paradojas son figuras de pensamiento que consisten en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción. Por ejemplo: "mira al avaro, en sus riquezas, pobre" (DRAE).

Lo cierto es que en "El principito" se muestran metáforas, paradojas y excepcionales paradojas metafóricas. Todo ello hace que su lectura sea interpretada y potencialmente interpretable de múltiples formas, lo cual a mi parecer, hace que el texto sea de interés ilimitado, de infinita riqueza.

Comienza con una dedicatoria inusual: "A Léon Werth cuando era niño". Pero hoy día creo que en realidad el texto tiene más acertijos que elementos de certidumbre. De hecho, pese a ser un  clásico "juvenil", es mucho más que un libro para niños, y así arrancan las paradojas inherentes al texto.

Por otra parte, se encuentra el elemento universal del viaje. El alejarse de la situación que le afecta en su centro íntimo, para salir a conocer "el mundo" con sus cosas "raras" y sus particulares miserias. Antes de llegar a la tierra, El principito recorre varios planetas habitados por personajes emblemáticos de lo que vendría a ser el ser humano y sus diferentes manifestaciones, unas loables, otras patéticas.









Pero hay que tener claro qué es lo que induce a El principito a partir. El engaño de La Rosa. Su vida, como señala el texto, era melancólica hasta que aparece la figura femenina y todo es modificado. La fascinación por ella y la trampa de quien es engañado:

"-En la tarde, me pondrás bajo una campana. Hace mucho frío en tu casa. Estás mal instalado. Allá de donde yo vengo...".

"Pero ella se interrumpió. Había venido bajo la forma de semilla. No había podido conocer otros mundos...".

Todo ello para conducir a El principito a una culpa inherente al desamor:

"– No habría debido escucharla (...) no se debe jamás escuchar a las flores. Basta contemplarlas y olerlas (...)".





Culpa que es mitigada por el personaje de El zorro (una especie de psicoterapeuta) que le enseña a El principito la naturaleza de los verdaderos afectos. Para luego comparar a su Flor con las que conforman un rosal, espetándolas: " Son bellas, pero están vacías (...) No se puede morir por ustedes".

Hombre que intenta comprender lo femenino, Saint-Exupéry (El principito) compara a "la única" con "el montón" del  jardín floreado de rosas.

Haciendo una comparación entre el texto y la vida de su autor, considero que El principito es un excepcional texto literario de carácter profundamente autobiográfico, lo cual a mi juicio constituye el sino que lo marca, lo define e inevitablemente lo enriquece.

Por último, la idea de trascendencia que atañe a la muerte. El Principito hace un pacto con la serpiente y desaparece. Duro acertijo. ¿El final y la trascendencia?

Hoy lo leo y veo en este texto la autobiografía de uno de los más grandes escritores de todos los tiempos: Antoine de Saint-Exupéry.






@perezlopresti





(*) Publicado originalmente en EL UNIVERSAL
el sábado 7 de diciembre de 2013.
Reproducido con permiso del autor

viernes, 6 de diciembre de 2013

INVICTUS

INVICTUS es un poema de William Ernest Henley (1849-1903) que aparece en la película del mismo nombre, como un texto inspirador de Nelson Mandela, fallecido el día de ayer. Al parecer, el título del poema fue añadido por Arthur Quiller Couch. Lo publicamos como homenaje a Mandela. 

Un detalle que casi no hemos visto mencionar es que en 1983  Nelson Mandela compartió con el Rey Juan Carlos de España el Premio Internacional Simón Bolívar otorgado por la UNESCO por su contribución a la democracia cuando se encontraba en la cárcel de Robben Island, cerca de Ciudad del Cabo cumpliendo cadena perpetua. El premio fue entregado en Caracas en el contexto de la celebración del Bicentenario del Nacimiento de Simón Bolívar durante el gobierno del Presidente Luis Herrera Campins.


Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

Fuera de la noche que me cubre,
Negra como el abismo de polo a polo,
Agradezco a cualquier dios que pudiera existir
Por mi alma inconquistable.
En las feroces garras de las circunstancias
Ni me he lamentado ni he llorado en voz alta.
Bajo los golpes del azar
Mi cabeza sangra, pero no se inclina.
Más allá de este lugar de ira y lágrimas
Es inminente el Horror de la sombra,
Y sin embargo la amenaza de los años
Me encuentra y me encontrará sin miedo.
No importa cuán estrecha sea la puerta,
Cuán cargada de castigos la sentencia.
Soy el amo de mi destino:
Soy el capitán de mi alma.
(Versión de Juan Carlos Villavicencio, publicada en Descontexto)

En la noche que me envuelve,
negra como un pozo insondable,
doy gracias al dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias
no he gemido ni llorado.
Ante las puñaladas del azar
si bien he sangrado, jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror,
no obstante la amenaza de los años
me halla y me hallará sin temor.
Ya no importa cuán recto haya seguido el camino,
ni cuántos castigos lleve a la espalda,
soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma.

(Versión de la película Invictus)