viernes, 3 de enero de 2020

UN REGISTRO VIVENCIAL DEL CHIMÓ


Carlos Rojas Malpica (*)



Tengo pendiente este texto desde hace varios años. Lo prometí a mi querido colega Franklin Padilla publicarlo en su blog. Hoy, en el chat de mis amigos del “Grupo de Pensamiento Universitario” (GPU), presenté unos fragmentos del tema, donde fueron objeto de una interesante discusión que me ha permitido enriquecerlo bastante. Con esta entrega saldo mi deuda.

El chimó, dice internet, “es una pasta de tabaco y sal de urao que se utiliza para mascar” en Venezuela y Colombia, especialmente en Los Llanos y Los Andes. Entre los efectos mas criticados por los que no consumen la pasta, está una sialorrea oscura que parece lo que bota un carro pasando aceite. La clase alta venezolana ha estigmatizado el consumo con sus sifrinerías, pues sus delicados estómagos lo reciben con  asco y repugnancia. No saben lo que se pierden…..

Así como en la Belle Époque se utilizaba el rapé para estornudar, actividad que para algunos, es como un pequeño orgasmo, y se tenía por una elegante costumbre de salón, o se apelaba a las sales de cuerno de ciervo, para aliviar las crisis histéricas de las señoras, pues así mismo, es legítimo utilizar el chimó para evidenciar reciedumbre palatina entre los peones y vegueros del llano o los campesinos de los andes. O sea, que algo de machismo y rústica sensualidad tiene esa peculiar experiencia en el  paladar veneco. A ello debe agregarse que una volada de chimó antes de acostarse, aleja las plagas del chinchorro, lo cual debe valorarse mucho, porque en el llano hay unos zancudos tan grandes, que parecen un patín winchester. Es preventivo, entonces, del paludismo y del emponzoñamiento ofídico, pues también sirve para espantar las culebras. Agrego que los curanderos lo usan para extraer gusanos alojados en la piel de humanos y animales. De manera que va siendo hora de matizar los prejuicios, porque mascar chimó requiere una lectura posmoderna…





Me cuenta una amiga del GPU, que en Bailadores, los jóvenes consumían chimó mientras leían a Nietszche y declamaban poemas de Rainer María Rilke, y hasta el Eclesiastés, delante de las chicas del pueblo, quienes tenían que saltar para evitar ser chispeadas por los escupitajos. Algo de sensualidad al ver las rodillas descubiertas por cada salto, o algo más, y quizás el ejercicio lúdico de hacerlas débiles ante sus osadías. Todo un juego erótico y sublime alrededor del chimó que no admite una respuesta fácil.

El día que salgan los Duques de Sussex paladeando el chimó, se reduce el prejuicio y suben los precios del aderezo. Se dice que la Princesa Grace Kelly disfrutaba de ver el mar desde los riscos de la escarpada geografía monegasca, con una pequeña dosis de la pasta en su boca. Percibir el aroma iodado y salitroso del mediterráneo con el sabor terroso en la boca, y un ligero mareo que hace más profunda la vivencia, eran una experiencia mística y sublime para la bella aristócrata europea de origen norteamericano. Prefería hacerlo en soledad, como una especie de trance chamánico…..

He sabido que la más alta clase norteamericana y canadiense, celebra una vez al año, “Las bacanales del chimó”. Lo hacen en Alta Mar, para evitar que los esbirros de la DEA les fastidien sus placeres dionisíacos. Es bueno saber que hay un tráfico ilegal de chimó por los mares tropicales dirigido por un Capo al que llaman “El Currutaco”, que gana inmensas fortunas con ese negocio secreto. Los mejores alambiques para extraer la pasta básica del chimó se encuentran en El Tinaco, El Sombrero, Biscucuy y Corozo Pando. Desde allí son transportados en bongos que remontan los ríos hasta caer por el Delta del Orinoco en el Mar de los Caribes.





Mientras tanto, en París, se han generalizado las “catas de chimó” entre los intelectuales y la clase alta de la Ciudad Luz. Las más famosas y exquisitas son las del Maxim’s y La Tour D’Argeant. Se paga muy caro si la cata es dirigida por un “grand connaisseur vénézuélien” como Monsieur le professeur Francisco Contreras, o aún más, si se trata de Monsieur le professeur Gustavo Guevara. Los comensales son orientados para percibir los distintos amargores de la pasta, el sabor terroso y amaderado de cada alambique, así como los mejores maridajes con los caldos Beaujolais o Chatoneuf du Pape. Se dice que Catherine Deneuve ha logrado la mejor fragancia “du chimó” al acompañarlo con un Pinot Noir de Henri Javer Richebourg Grand Cru, pero se trata de una experiencia exclusiva para paladares de alto poder adquisitivo. En Italia ya son famosos los “cioccolatini chimó” y en Viena se despachan a un alto precio los “Chimo-Pralinen” o bombones de chimó. Da prestigio ser venezolano entre los más expertos catadores franceses de la pasta, donde algunos de ellos, ataviados con un exótico sombrero de cogollo, dan por resuelto el problema antropológico.     


Los venezolanos aún no lo hemos advertido, pero así como el gran navegante genovés surcó los mares buscando las especies asiáticas, hoy comienza a llegar un turismo que viene a disfrutar la deliciosa experiencia del chimó en las extensas llanuras de Apure. A media noche, con luna llena, cuando todavía no se escucha el tropel de los centauros, los alemanes reportan experiencias electromagnéticas al paladear chimó durante las tormentas en El Sinaruco.


El efecto dopaminérgico del chimó sobre el Núcleo Accumbens de la base del cerebro, es de bajo poder adictivo. No produce los arrebatos ni la ofuscación encefálica difusa de las drogas de abuso, sino una vivencia espiritual y sublime, como la que experimentan los indios bolivianos al tocar la quena en el altiplano, que no es un sonido brillante como el charango, sino una brisa que se disuelve en el aire y se devuelve como un eco….


Concluyo con una alabanza a Pedro Ezequiel, el centauro que me enseñó el llano, mitad instinto/mitad razón/brillo de luces, una combinación de esencias que Gallegos describió en los hombres de la llanura…

(*) Psiquiatra. Profesor Jubilado de la Universidad de Carabobo