viernes, 2 de septiembre de 2016

EL BEETHOVEN DE CADA DÍA

Conozco pocos libros de lectura tan amena como la de estos Cuadernos de Conversación de Beethoven, que el eminente musicólogo francés J. G. Proudhomme acaba de presentarnos, en su totalidad, en una excelente edición crítica. Como es sabido, a partir de 1818 la sordera del autor de la Novena Sinfonía fue absoluta. De nada servía ya al compositor el auxilio de aparatos acústicos. Así, fue necesario que llevara siempre en los bolsillos algún cuaderno o libreta, en los cuales sus amigos e interlocutores pudieran escribir, en cualquier momento, lo que tuvieran que decirle. Esto dio un total de 137 cuadernos que nos informan, día a día, de la vida de Beethoven, entre los años 1819 y 1827, de una manera en cierto modo indirecta, ya que nos muestran las respuestas que se hacen a sus preguntas, las noticias que se le dan, amén de comentarios en torno a sus ideas, referencias a obras musicales y literarias que le interesaban, etc. 



Esto, como bien lo dice el recopilador, “a manera de una conversación telefónica de la que sólo pudiéramos oír una voz”. A veces, empero, Beethoven expresa por escrito ciertas opiniones que fuera mejor comunicar discretamente a un interlocutor, toma notas de tipo musical, hace confidencias, apunta al título de un libro, y su gran presencia queda afirmada, así, en un quebrado que es una constante información sobre sus gustos, su modo de vivir, sus aficiones y adversiones, ya que sus contertulios habituales le hablan – como es natural – de cosas susceptibles de serle gratas o interesantes, cuando no responden concretamente a sus preguntas.

El resultado de esto es tan apasionante como una novela, ya que vemos vivir en torno al gran hombre todo un mundo intelectual vienés, en uno de los momentos más agitados del siglo XIX. En la peña de Beethoven, que se reunía en los deliciosos cafés y tabernas de “El Cisne Blanco”, “El Camello Negro”, “El Erizo Encarnado”, “La Ciudad de Trieste” – catándose muy buenos vinos, y alabándose atrevidamente a las mujeres bonitas que pasaban –, el pensamiento era liberal. Se aborrecía la Santa Alianza, y se estaba con los hombres que obligarían a Fernando VII a restablecer la Constitución de 1812. En 1823, la formación del ejército de los Cien Mil Hijos de San Luis, por iniciativa de Luis XVIII, para intervenir en España, llena de indignación a los comensales de Beethoven. Uno de sus amigos más íntimos le dice: “Me parece que nosotros, los europeos, estamos en franco retroceso, y que ha llegado la hora en que América habrá de elevarse a la cultura. Las circunstancias actuales justifican todas las aspiraciones de América (Latina) a la independencia”. Estas palabras demuestran muy claramente que, más de una vez, el nombre de Bolívar había sonado en aquellas conversaciones.

Lo curioso es que, ante los acontecimientos, el hombre que hubiera tachado tan rabiosamente la dedicatoria a Napoleón de la “Sinfonía Heroica” al saber que iba a ceñirse la corona imperial, no ve ya al Corso con los mismos ojos en 1820.  Su íntimo amigo Peters, en un diálogo que no parece hallar objeciones por parte del compositor, le dice: “Si Napoleón regresara hoy, tendría una mejor acogida. Como alemán he sido su mayor enemigo; pero lo he perdonado, en vista de todo lo que ocurre.  Su palabra dominaba la época. Tenía el sentido del arte y de la ciencia, y aborrecía las tinieblas… Los hijos de la Revolución y el espíritu de su tiempo exigían un hombre así”… Más adelante se sabe que un compositor, amigo de Beethoven, ha sido encargado de componer una misa para el ex emperador, cautivo en Santa Elena. “Usted debería escribirle un himno”, aconseja Peters. Otro comensal, apasionado por los acontecimientos que entonces se desarrollaban en el Nuevo Mundo, le señala el magnífico asunto para una ópera que sería la llegada de Penn a América, y la fundación de Pensilvania…



Y todo esto en un catar de vinos finos, cerveza de Ratisbona, mostos del Rhin; en un constante banquete de ostras venecianas, faisanes de Bohemia, ocas de Pomerania, anguilas, salchichas, patos asados, que nos restituye un Beethoven singularmente voluptuoso, conversador, humano,  bien distinto del eterno torturado que algunos se empeñan en ver en él.


                                                     Alejo Carpentier




Publicado por el autor en El Nacional el 29 de abril de 1952 en su columna Letra y Solfa.   Reproducido de la edición del libro con el mismo título compilado y editado por el Profesor Alexis Márquez Rodríguez con prólogo suyo del 1° de mayo de 1975. Síntesis Dosmil. Colección Rescate. Caracas 1975. Páginas 136-138



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